* * *
Todo estaba cambiando demasiado rápido. Los niños crecían como locos. Hugo y Alma estaban a punto de cumplir 4 años. Sonia y Mario seguían siendo una pareja ideal con su pequeño Izan de a penas 5 años. Yaiza y Álvaro eran de otro mundo. Desde que les habíamos presentado no se habían separado y no tenían intención de hacerlo. Ni él podía vivir sin ella ni ella podía vivir sin él. A veces me daban un poco de envidia. Jordi y Tatiana habían acabado con todo a pesar de que tampoco podían vivir el uno sin el otro. Jordi por el contrato en el equipo, había tenido que volver a Barcelon y no se lo había dicho a Tati, lo cual le cabreó bastante. Después de ver su reacción al enterarse ni siquiera la pidió que se fuese con él, simplemente acabaron con lo que habían tenido. Adri hablaba a menudo con Jordi y sabía que estaba jodido, la quería demasiado a pesar de todas las bronca que pudiesen tener en el tiempo que estuvieron juntos y yo estaba con Tatiana cada día y creo que desde que éste se fue, no era capaz de dormir en condiciones, de echo, dormía con una foto de ellos bajo la almohada y entre sollozos la observaba melancólica. Luego estábamos Adrián y yo que éramos un caso a parte. No habíamos vuelto a ser los que éramos, no conseguíamos solucionar las cosas y poder volver a ser aquellos locos del principio. En este tiempo habíamos pasado demasiado baches. Y gran parte por mi culpa. Pero siempre los supo perdonar y gracias a eso conseguíamos tirar hacia delante. Hubo una temporada en la que lo único que hacia era salir de casa para ir al trabajo, recoger a los niños del colegio si Adri tenía entrenamiento y al volver, seguir trabajando. Cruzábamos pocas palabras, las justas. Todos le decían que como era capaz de aguantarme, que porque no acababa con esto ya. Su respuesta era, que había aprendido a vivir conmigo y que ahora, después de tantos años no era capaz de separarse de mi, el amor movía montañas. Pero a pesar de todo lo que decía, acabó pasando algo que aunque alguna vez se me había pasado por la cabeza, nunca pensé que llegaría. Él necesitaba sentirse querido, sentir que otra persona le abrazaba, le daba la mano al caminar, le regalaba mil sonrisas y sobre todo le decía que le quería, algo que yo hacía tiempo no le decía. No sé si en otra persona lo encontró pero decidimos algo que fue muy duro para los dos.
- No podemos seguir así -me decía. -Esto me supera cada día Ari. No sé que te pasa, pero esto me duele mucho mas de lo que crees. Hace tiempo que me miras porque la casa no es tan grande como para no poder cruzarnos, como si fuera una obligación y no un gusto. De verdad que no entiendo nada.
- Lo siento.
- Pero, ¿qué sientes? Ari háblame, dime que te pasa, intentemos solucionar las cosas por favor.
- No sé si aún se puede.
- ¡Claro que se puede! Lo que no tengo tan claro es si quieres y si no quieres, desde luego que no hay nada que hacer -dijo saliendo por la puerta.
En ese momento no lo pude evitar y me derrumbé. Sólo tuve fuerzas para llamar a Tatiana, la cual vino corriendo a casa. Cuando conseguí traquilizarme logré contarle lo que acababa de pasar.
- Pero, ¿qué te pasa Ari?
- No lo sé. Siento que todo lo que había entre Adri y yo se ha esfumado.
- Se ha esfumado, ¿por qué?
- No lo sé. Desde que nacieron los niños, todo se enfrió. Al principio porque nadie me dejaba hacer nada y todo mi mal humor lo pagaba con él. Luego porque él entre los entrenamientos y los partidos, yo con el trabajo y los niños cuando nos cruzamos por casa solo nos falta saludarnos como el que se cruza con un conocido por la calle. Hay días que ni siquiera hablamos.
- ¿Y qué sientes como ni siquiera cruzáis palabras?
- Siento que le pierdo por momentos y ese sentimiento me mata por dentro.
- Mi amor, ¿y a qué esperas para decírselo? Si no lo hablas con él, seguro que le perderás. Él te quiere mucho y necesita estar a tu lado para sonréir cada día. A soportado mil cosas, está soportando todo esto y no es fácil para él verte tan distanciada, pero todo tiene un límite y acabará estallando. Dile lo que sientes.
- Ya sé lo que siente y creemé que todo es mutuo. No sé vivir si él no está cerca de mi. Y no le quiero perder por nada del mundo.
- ¿Entonces? ¿A qué esperas para hablar con él e intentar arreglar todo esto?
Tatiana tenía razón, tenía que hablar con Adri y sobretodo pedirle perdón por todo este tiempo en el que parecía que otra persona estaba en mi. Salí con los pequeños al parque y cuando volvimos, Adri ya había llegado asíque subí a la habitación para hablar con él. Cual fue mi sopresa cuando vi que estaba haciendo la maleta.
- ¿A dónde vas? ¿Esta semana no toca partido en Madrid? -le dije sorprendida.
- Me voy de casa.
- ¿Qué? Adri por favor...
- Mira Ari, llevo meses aguantado tu mal humor, tu indiferencia, no puedo mas.
- Espera....
- Escucha, estaré en casa de Koke, Bea está fuera y me ha dicho que me quede allí. Sólo serán unos días, necesito pensar en todo.
- Adri, te quiero.
- Lo sé, y yo. Pero no soporto mas esta situación. -sin mas, sin dejarme decir nada, cogió la maleta, se despidió de los niños diciéndoles que tenía partido fuera y se marchó.
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