Había llegado el día. Me encontraba en el hospital desde hacía un par de horas ya y estaba a punto de tener a mis pequeños entre mis brazos. A pesar del dolor que sentía, tenía muchísimas ganas de que llegase ya ese momento. Adrián estaba nervioso, como nunca le había visto.
Después de las cinco horas de parto, allí estaban, Alma y Hugo. Cuando me desperté vi la imagen mas bonita que cualquiera puede ver al despertar; Adrián con los bebés, entre sus brazos, observando como dormían. Fue una imagen que creo que nunca podré olvidar nunca. Estuve mirándole un buen rato, hasta que no pude aguantar las lágrimas y me escuchó.
- ¿Cuánto tiempo llevas despierta? -me decia bajito para no despertar a los bebés.
- No sé, quizá media hora, pero no quería decirte nada, me encantaba ver la carita que ponías cuando los mirabas. -reía.
- Son preciosos, no puedo evitar poner cara de bobo cada vez que los miro. Son tan preciosos como su mamá. -susurró acercándose a la cama.
- Mira que eres bobo...
Después de un par de días ingresada, de mil visitas, un millón de regalos para los pequeños, tropecientos ramos de flores y no sé cuantas cajas de bombones, me dieron el alta y pude volver a casa. Hogar dulce hogar, pensé nada mas llegar. Aunque después de pasadas unas horas de llegar, hubiera preferido haberme quedado en el hospital. Me trataban como una inútil, y sabía que lo hacían por mi bien, para ayudarme, para que estuviese lo mejor posible, pero no me dejaban hacer nada. Si me levantaba a por algo, ya corría alguien mas que yo y me lo traía. Si me ponía a hacer cualquier cosa de la casa, venía alguien y hacía que me sentase y lo hacía él... Llegó a ser insoportable.
Adrián notaba que desde que llegué a casa no estaba igual. Mi humor había cambiado bastante y todo lo que me pasaba lo acababa pagando con él.
- Joder Ari, ¿qué te pasa? Llevas unos días que no hay quien te aguante...
- Hombre gracias.. -me mofé.
- No sé de que manera decirte las cosas, pues de cualquier forma me contestas mal. Si hice algo que no te gustó, que te molestó, dímelo, pero no me tengas así.
- Adri, no eres tú, es todo. Desde que he llegado me hacéis sentir una inútil. No me dejáis hacer nada, no me puedo mover del sofá. Si quiero acompañarte a hacer la compra no puedo, si quiero limpiar o recoger algo de la casa tampoco puedo. ¡Qué no estoy inválida, que sólo he dado a luz joder! -grité.
- Lo siento si te hemos hecho sentir así, creemé que no era nuestra intención, todo lo contrarió. Simplemente queríamos que estuvieses bien y que te acabases de recuperar del todo. Pero tranquila, que nadie te volverá a decir nada. -dijo en tono enfadado.
- ¿Por qué me lo dices así?
- Porque todo esto lo has pagado conmigo. No sé si a parte de esto, hay algo mas por lo que estés así conmigo, pero si sólo es por lo que dices, creemé si te digo que sólo lo hacíamos por tu bien, por cuidarte un poco mas. -y sin mas, se fue a darse una ducha.
Tenía razón. Había pagado todo con él y no se lo merecía.
Subí a nuestro cuarto y en el espejo que había justo al entrar con un pintalabios rojo, le escribí Lo siento y un corazón. Ahí lo vería seguro. Yo mientras, como los niños estaban durmiendo, me fui a la cocina a preparar la cena. Puse música todo lo alto que pude sabiendo que podría escuchar a los bebés por el walky talky perfectamente y también que no se despertarían por el volumen y por ese motivo no me enteré de que Adri había entrado a la cocina. Me agarró por la cintura y me besó el cuello. Sabía que con eso, tan solo esos dos gestos, me había perdonado.
Cenamos tranquilamente y pudimos hablar como hacía días que no lo hacíamos. Desde que estaban los niños, nuestra intimidad se había reducido al máximo en todos los sentídos. No recordábamos ya lo que era salir por la noche a cenar, estar solos... Esa noche fue un momento en el que pudimos disfrutar el uno del otro. La verdad es que nos vino demasiado bien, pues volvimos a recuperar eso que hacía tiempo que no sentíamos.
Ese finde semana, no había partido, asíque él mismo planeó todo. Los niños se quedarían con Jordi y Tatiana y nosotros nos iríamos fuera. Aunque separarme de ellos se me hacía complicado, sabía que esto nos vendría genial, sobre todo para nuestra relación. De no ser por momentos así, todo se hubiera enfríado demasiado y no habría acabado bien.
Me llevó a una casa rural en el norte de la sierra de León. Aquello era precioso y pasamos una de nuestras mejores "vacaciones" juntos. Volvimos a recuperar lo que habíamos perdido y volvimos a recordar porque nos habíamos enamorado el uno del otro.
- Gracias por todo esto Adri -susurraba mientras de besaba.
- ¿Cuánto tiempo hacía que no estábamos solos?
- No lo sé, mucho tiempo.
- Yo lo echaba de menos. Hacía tiempo que no te sentía así, como al principio.
- Ya lo sé. He abandonado un poco todo lo que teníamos, por eso te doy las gracias, por volver a hacernos recuperar todo lo que podríamos haber perdido.
- No hubiera permitido que todo esto se perdiese.
Y sin mas que decir, en aquella preciosa casa rural, se volvieron a reecontrar, como si de dos "conocidos" se tratase, una pareja que supo parar a tiempo la forma de dejar atrás todo lo que con tanto sacrificio habían conseguido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario