domingo, 7 de abril de 2013

Capítulo 54.

Los peques por suerte no se enteraban de nada. Siempre preguntaban por su padre, pero con decirles que tenía partido fuera se quedaban tranquilos. Yo por el contrario no era capaz de no pensar en él. Habíamos hablado un par de veces por los niños, y ya de paso nos preguntábamos el uno al otro como estábamos, pero no conseguíamos mantener una conversación del todo decente. Hasta que un día recibí un mensaje.

"¿Puedes dejar a los niños con Cris y nos vemos? No aguanto mas"

No lo dudé un minuto y en cuanto recibí aquel mensaje, fui a casa de Cris para ver si podía quedarse con Hugo y Alma y como siempre no puso ningún impedimento. La debía ya unas cuantas por todas la veces que se quedaba con ellos, pero sabía que esto podía significar una reconciliación.
A los diez minutos Adri estaba en casa. Nada mas abrirle la puerta, no pude decir nada, cogió con sus manos mi cara y me besó. Me besó como nunca lo había hecho. Después de aquel beso, conseguí hablar.

- ¿Y esto? -susurraba sorprendida.
- No puedo pasar mas tiempo separado de ti, ni de los peques. -y volvió a besarme. -Vamos a intentarlo de nuevo. Empecemos de cero. Sé que no es fácil, tenemos dos enanos que probablemente no nos permitan empezar tan de cero como quisiéramos o quizá como deberíamos, pero intentémoslo.
- No tienes que pedirme que lo volvamos a intentar, sólo tienes que coger tus cosas y traerlas de vuelta. -le decía al oído. -No es que quiera que empecemos de cero, es que lo necesito. Necesito tenerte cerca de nuevo. Cuando te vi en la habitación haciendo la maleta, se me vino el mundo al suelo. En ese momento iba a pedirte todo esto, que lo intentásemos de nuevo, pero no me dio tiempo, te fuiste antes de que pudiese decir nada. Entendí tu posición, porque sé que la he cagado en muchos aspectos y por eso no dije nada, pero cuando saliste por la puerta, me di cuenta de que acababa de salir la parte mas importante de mi vida. Y creemé si te digo que en ese momento pensé que te había perdido para siempre.
- Ari, nunca me has perdido, aunque solo sea por las dos cosas mas bonitas que me has regalado. Pero no sé olvidar tan fácilmente a una persona que me ha aportado tanto a mi vida y que por mucho que lo intente no soy capaz de dejar de querer. -decía agarrándome la mano -¿Quieres que te cuente una cosa? Me fui de casa para ver si reaccionabas, para ver si salías corriendo detrás mia y me retenías y sinceramente al ver que no era esa tu reacción se me partió el alma pensando que incluso te hacía bien que me fuese. -dijo conteniendo las lágrimas.
- Nunca he querido que te fueses, Adri. Para mi estos días han sido eternos.
- Ya lo sé. -acariciándome la cara continuó -Tati y Sonia me lo contaron todo. Y lo siento. No pensé que te fuese a afectar así.
- Calla.... -y sin mas, sin dejarle continuar, pues no quería que me pidiera perdón cuando la que tendría que estar lo que me queda de vida disculpándome por todo era yo, le besé.

En ese momento sin decir nada, sabíamos que todo lo habíamos arreglado. Se separó de mis labios, puso sus manos en mis mejillas y me miró a los ojos. Esa mirada me dijo mucho mas que todas las palabras que me podía haber dicho en todos los años que llevábamos juntos. Sabía que me perdonaba por todo y que quería y necesitaba que volviésemos a ser los que en un principio habíamos sido. Así, en medio de tanto perdón, me cogió y yo enrollando mis piernas a su cintura subimos a la habitación. Todo estaba dicho y en esa cama lo único que sobraba era nuestra ropa. Nuestros cuerpos ahora eran los que hablaban y ellos, a pesar del tiempo que hacía que no se encontraban, se seguían entendiendo a la perfección y aquel día demostraron que no podían volver a separarse por muchos obstáculos que el mundo les pusiera.

Adrián volvió a casa y volvíamos a ser aquella familia que un día se desmontó. Los pequeños estaban felices de volver a tener a su padre en casa y a pesar de que no se habían enterado de lo que había pasado, notaban que el ambiente en casa era diferente al de días atrás. Yo me podía pasar las horas muertas, apoyada en la ventana observando a Hugo y Alma disfrutar de su padre en el jardín. Eran la viva imagen de la locura y eso a mi me encantaba.
Mientras observaba a mis tres tesoros, llegaron los padres de Adri. Era una sorpresa que le tenía preparada, hacía meses que no pasábamos por Asturias y aunque nunca dijese nada, yo sabía que les echaba de menos. Cuando se giró y los vio su cara reflejaba mil cosas y ninguna las podía expresar con palabras. Escuché como en un abrazo con su madre ella le decía: "Dale las gracias a Ari, ella fue quien nos llamó para que viniésemos."
Después de las palabras de su madre, vi como me miraba y como con una simple sonrísa me daba las gracias.
Sus padres salieron al jardín con los niños y mientras ellos jugaban y disfrutaban, Adrián y yo nos quedábamos solos en el salón.

- Muchas gracias por llamarles -me decía mientras me besaba.
- Esto es algo de lo mucho que tendría que hacer por ti.
- Con que estés conmigo ya haces demasiado. -y sin darme tiempo a contestarle nada, sonrió y me volvió a besar. Un besos de esos que saben a perdón, a pasión y a mucho amor.

2 comentarios:

  1. ¡Hola! La he estado leyendo y me gusta mucho. Aquí tienes a una lectora nueva.
    Espero al siguiente. ;)

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    1. Muchísimas gracias :DD.
      Espero no tardar mucho en subir el próximo capítulo :))

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