Zaida sabía que algo me pasaba pero no sabía el que, llevaba unos días demasiado rara con el mundo en general y al final, como siempre, consiguió que la contase todo.
- Coro no deja de escribirme, de decirme que quiere verme, que le gusto... Pero luego cuando me ve sólo está con Jordi y hace como si no fuese él quien me escribiese...
- ¿En serio te dice eso? -se sorprendía Zai.
- Sí... -y tendiéndola mi móvil continuaba -Puedes comprobarlo tú misma, hay mil de ese estilo.
- No me lo puedo creer Iria.. No entiendo como después de decirte todo esto es capaz de mirar a Jordi a la cara.
- No lo sé... Supongo que pensará que llevándose tan bien con él del que menos sospechará será de él.
- ¿Y tú qe le dices?
- Hay veces que le sigo el rollo, no lo puedo evitar. Y mátame si te digo que también hay veces que me apetecen muchas cosas con él.
- ¿Iria? -decía asustada y sorprendida a la vez -¿Y Jordi?
- ¿Jordi qué? Si no ha pasado nada con Coro joder...
- ¿Tu sabes que Coro se va a Elche?
- ¿Cómo?
- Si nena, le han fichado y en un par de semanas es su presentación y se instala allí.
- No sabía nada...
¿Por qué después de todo no ha sido capaz de decirme que se iría a Elche? No entendía nada, pero tampoco quise decirle que lo sabía, esperaría a que fuese él quien me dijese algo. Aunque parece ser que era la única a la que no le había dicho nada, pues todos lo sabían. Entendí que si no me lo había contado era porque tampoco le importaría demasiado y todo lo que me decía sería simplemente una coña, asíque acabé distanciándome de él. Este distanciamiento Coro lo notó y en mas de una ocasión trató de hablar conmigo, pero me negué, no tenía ganas de hablar nada con él.
Todo siguió como hasta ahora, salíamos juntos las tres parejitas y Coro cuando podía hasta que un día se presentó con una chica la cual nos presentó como su novia. Inconscientemente sentí unos celos inexpliclables. No entendía nada, no quería que estuviera con nadie, pero tampoco quería estar con él, ¿o sí? Ni siquiera yo era capaz de saber lo que yo misma quería. Todo esto hizo que si ya estaba alejada de él, me alejase aún mas.
Un día, antes de que todos tuviesen que volver a los entrenamientos para comenzar la nueva temporada, paseando por el centro de Barcelona, me quedé a solas con Coro y no nos quedó mas remedio que hablar.
- En un par de días me voy a Elche -me decía sin dejar de mirar al frente.
- Ya lo sé, y no por ti precisamente.
- Lo sé y lo siento, pero no sabía como decírtelo.
- Pues del mismo modo que a todos los demás.
- Tu no eres como todos los demás.
- ¿Y por qué no soy como ellos?
- Porque por ellos no siento lo que siento por ti.
- ¿Que qué?
- Iria, que me gustas, desde el primer día que te vi.
Me quedé blanca, sin palabras para contestarle. Yo estaba con Jordi y él se acababa de empezar con una chica.. ¿Por qué me decía todo esto ahora? No le dije nada y por suerte volvieron los demás. Zai notó mi cara pero no quiso preguntar. No me separé de Jordi en todo lo que estuvimos todos juntos.
A eso de las diez de la noche volvimos a casa y allí pude contarle mas tranquilamente a Zaida todo lo que había pasado mientras ellos no estaban. Se quedó igual de blanca que yo, tampoco entendía nada. Al cabo de un rato, estando en mi cuarto, alguien llamó a la puerta, abrió Zai. Nada mas abrir supe que era Coro y salí.
- ¿Qué haces aquí? -le decía sorprendida por la visita.
- Vente conmigo a Elche.
- ¿Cómo?
- Quiero estar contigo, pero no me puedo quedar aquí, quiero que te vengas conmigo.
- ¿Y tu novia?
- No es mi novia.
- Va Ferran, no me jodas. No entiendo nada.
- ¿Qué no entiendes?
- No entiendo que nada mas conocernos no pares de mandarme mensajes diciéndome mil cosas y cuando nos vemos lo único que haces es ignorarme y hacerte amiguísimo de mi novio. Después, apareces con una chica a la que presentas como tu novia y ahora me dices que quieres que me vaya contigo a Elche. No te entiendo, creeme que por mas que lo intento no lo consigo.
- ¿No entiendes que desde el día que nos conocimos en aquella discoteca me gustabas, que todo lo que te decía en los mensajes era verdad pero que si cuando estaba Jordi no te decía nada era por respeto a él porque a pesar de que esté con la persona que quiero, es un buen amigo y que lo de presentaos a Noelia como mi novia era simplemente por ver como reaccionabas porque necesito que te vengas conmigo a Elche? No sé que mas decirte. Mañana me voy. Toda la quedada de hoy ha sido como despedida. A las diez de la mañana estaré en el aeropuerto dirección Alicante. Te estaré esperando. Si no vienes entenderé que no sientes nada y olvidaré todo.
lunes, 27 de mayo de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
Capítulo 6. SDUD2
- ¿Quieres saber el por qué de todo esto? -me decía desde las escaleras antes de que saliera de casa.
- ¿El porque de qué?
- De que haya estado así contigo.
- Me encantaría. -y de la mano me llevó de nuevo al salón para poder hablar después de habernos relajado.
- Tengo miedo.
- ¿Miedo de qué Jordi?
- De perder todo otra vez.
- No te entiendo.
- Hace algo menos de un año estaba con una chica. Estuvimos casi dos años y después de todo lo que habíamos pasado juntos me enteré de que tenía pareja, que lo único que queria era estar conmigo por quien era, por lo que tenía. -dijo tragando saliva. -Desde entonces soy bastante desconfiado en el tema del amor porque a ella la quise mucho y todo fueron falsas esperanzas.
- No sabía nada de eso.... -me había dejado paralizada con su forma de contarmelo. -Pero creo que yo no tengo la culpa de lo que te haya podido pasar con esa chica como para que lo pagues de la forma que lo has pagado conmigo.
- Ya lo sé Iria, ya lo sé. Pero no quiero que me vuelva a pasar igual. No quiero perderte a ti también. A ella la olvidé hace mucho y contigo he conseguido volver a ilusionarme con alguien, no quiero que se estropee de la misma forma. -decía como podía mirando al suelo tratando de contener las lágrimas.
- Jordi escúchame bien -le cogía de la barbilla y hacía que me mirase -No se va a estropear nada. No estoy contigo por lo que seas, por lo que hayas sido o por lo que puedas llegar a ser, estoy contigo porque en el hotel en Madrid, con un par de miradas me conquistaste y sí, sabía quien eras, era consciente de todo y sabía lo que podian pensar, lo que iban a pensar y lo que tú podías pensar también, pero aún así no pude evitar querer mas de ti. Si sólo quisiese algo contigo por ser Jordi Alba, en el hotel hubieran podido pasar muchas cosas que ni pasaron ni aún han pasado. Nene, que me gustas por ser el niño loco que sabe hacerme sonréir como nadie, por hacerme feliz con una simple mirada, no por ser futbolista. -y le acariciaba la cara mientras sonreía.
En ese momento sobraron todo tipo de palabras. Sentados en el sillón de su casa, me abrazó y me besó como nunca lo había hecho. No fue capaz de articular palabra solo de mirarme con los ojos vidriosos y sonréir. Aquella mirada me desnudaba. Al igual que la mía a él. En ese momento, en el sillón, sin pensar en nada, acabamos por explotar todo lo que llevábamos sintiendo el uno por el otro. La ropa parecía caerse, pues en una milésima de segundo yo era suya y él mio. Disfrutamos el uno del otro como si en ese mismo momento el mundo se fuese a terminar. No teníamos fuerzas suficientes para separarnos.
Caí agotada y me quedé dormida. Cuando desperté Jordi no estaba a mi lado asíque cogí la primera camiseta que encontré por el suelo y le busqué. Le encontré apoyado en la barandilla de la terraza observando Barcelona desde las alturas. Le abracé por la cintura y le di un beso en el cuello. Sonrió y entrelazó sus dedos con los mios y así, yo apoyada en su hombro y juntos observando la ciudad, nos quedamos callados durante un rato.
- Gracias -dijo derepente mientras me daba un beso tierno en la mejilla.
- ¿Gracias por qué?
- Por todo. -mientras, se giraba para poder mirarme a los ojos -Por todo lo de hoy. Por tus palabras. Por hacerme ver que no me he equivocado contigo.
- Mira que eres bobo... No tienes que darme las gracias por nada.
- Si que tengo que dártelas. Después de todo lo que has hecho por mi yo he pagado contigo cosas que no te merecías y ahora me siento mal...
- Jordi no quiero que te sientas mal. Todo esto ha pasado para que nos diésemos cuenta de muchas cosas y ahora todo está bien. Ólvidate de lo que ha pasado estos días.
- Gracias.
En aquel momento, las cosas entre Jordi y yo cambiaron mucho, muchísimo. Él también cambió, para bien. Era él mismo en todo momento, le daba igual lo que la gente pensase, sabía que le quería por lo que él era fuera de todo lo que tuviera que ver con el mundo del fútbol. Aún así, la gente hablaba mucho y habia momentos en los que no podía evitar volver a recordar sus propios fantasmas. Pero sabía enfrentarse a ellos y olvidar aquellas dudas que un día surgieron.
Por otra parte estaban Zaida y Sergio. Ni siquiera ellos mismos sabían lo que tenían, pero se sentían muy agusto estando así. Él pasaba mas tiempo en nuestra casa que en la suya, era un inquilino mas, lo que hacía que la mayoría de las veces yo me fuese a casa de Jordi. Eso significaba que cada vez veía menos a Zai, asique un día decidimos montar una fiesta solo nosotras, como en los viejos tiempos.
Salimos con Naira, nuestra irremplazable de las fiestas y en la discoteca había un par de chicos que no paraban de mirar. Eran caras que se me hacían bastante familiares, pero de lejos no lograba reconocerlos. Al poco rato se acercaron a saludar y nos dimos cuenta que eran varios jugadores del Girona, Coro, Dani Mallo y Moisés. Empezamos a hablar con ellos y hasta que se fueron estuvimos juntos todos. Moisés no le quitaba ojo a Naira y Dani había directo a por Zaida, aunque después de decirle que estaba con un chico se apartó. Aún así nos hicieron una noche de lo mas amena. Coro y yo tonteábamos, cruzábamos mil miradas y nos regalábamos otras tantas sonrisas, pero nada tenía mas intención que pasar una buena noche entre amigos. Antes de irnos intercambiamos los teléfonos y antes de salir de la discoteca, Moisés ya estaba escriendo a Naira. Eran como crios... Al día siguiente se vieron con eso lo digo todo. Hacían buena pareja. Tanto que empezaron a salir con nosotros, con Sergio y Zai y Jordi y yo. Dani desistió con Zaida. A él le gustaba bastante, pero ella quería mantener lo que quisiera que tuviese con Sergio. Así que los seis éramos un pack. Un pack, hasta que Coro empezó a conocer a Jordi y empezaron a tener muy buena relación, tan buena que empezó a salir con nosotros a pesar de no tener pareja y allí comenzó a surgir algo que complicaría demasiado las cosas.
- ¿El porque de qué?
- De que haya estado así contigo.
- Me encantaría. -y de la mano me llevó de nuevo al salón para poder hablar después de habernos relajado.
- Tengo miedo.
- ¿Miedo de qué Jordi?
- De perder todo otra vez.
- No te entiendo.
- Hace algo menos de un año estaba con una chica. Estuvimos casi dos años y después de todo lo que habíamos pasado juntos me enteré de que tenía pareja, que lo único que queria era estar conmigo por quien era, por lo que tenía. -dijo tragando saliva. -Desde entonces soy bastante desconfiado en el tema del amor porque a ella la quise mucho y todo fueron falsas esperanzas.
- No sabía nada de eso.... -me había dejado paralizada con su forma de contarmelo. -Pero creo que yo no tengo la culpa de lo que te haya podido pasar con esa chica como para que lo pagues de la forma que lo has pagado conmigo.
- Ya lo sé Iria, ya lo sé. Pero no quiero que me vuelva a pasar igual. No quiero perderte a ti también. A ella la olvidé hace mucho y contigo he conseguido volver a ilusionarme con alguien, no quiero que se estropee de la misma forma. -decía como podía mirando al suelo tratando de contener las lágrimas.
- Jordi escúchame bien -le cogía de la barbilla y hacía que me mirase -No se va a estropear nada. No estoy contigo por lo que seas, por lo que hayas sido o por lo que puedas llegar a ser, estoy contigo porque en el hotel en Madrid, con un par de miradas me conquistaste y sí, sabía quien eras, era consciente de todo y sabía lo que podian pensar, lo que iban a pensar y lo que tú podías pensar también, pero aún así no pude evitar querer mas de ti. Si sólo quisiese algo contigo por ser Jordi Alba, en el hotel hubieran podido pasar muchas cosas que ni pasaron ni aún han pasado. Nene, que me gustas por ser el niño loco que sabe hacerme sonréir como nadie, por hacerme feliz con una simple mirada, no por ser futbolista. -y le acariciaba la cara mientras sonreía.
En ese momento sobraron todo tipo de palabras. Sentados en el sillón de su casa, me abrazó y me besó como nunca lo había hecho. No fue capaz de articular palabra solo de mirarme con los ojos vidriosos y sonréir. Aquella mirada me desnudaba. Al igual que la mía a él. En ese momento, en el sillón, sin pensar en nada, acabamos por explotar todo lo que llevábamos sintiendo el uno por el otro. La ropa parecía caerse, pues en una milésima de segundo yo era suya y él mio. Disfrutamos el uno del otro como si en ese mismo momento el mundo se fuese a terminar. No teníamos fuerzas suficientes para separarnos.
Caí agotada y me quedé dormida. Cuando desperté Jordi no estaba a mi lado asíque cogí la primera camiseta que encontré por el suelo y le busqué. Le encontré apoyado en la barandilla de la terraza observando Barcelona desde las alturas. Le abracé por la cintura y le di un beso en el cuello. Sonrió y entrelazó sus dedos con los mios y así, yo apoyada en su hombro y juntos observando la ciudad, nos quedamos callados durante un rato.
- Gracias -dijo derepente mientras me daba un beso tierno en la mejilla.
- ¿Gracias por qué?
- Por todo. -mientras, se giraba para poder mirarme a los ojos -Por todo lo de hoy. Por tus palabras. Por hacerme ver que no me he equivocado contigo.
- Mira que eres bobo... No tienes que darme las gracias por nada.
- Si que tengo que dártelas. Después de todo lo que has hecho por mi yo he pagado contigo cosas que no te merecías y ahora me siento mal...
- Jordi no quiero que te sientas mal. Todo esto ha pasado para que nos diésemos cuenta de muchas cosas y ahora todo está bien. Ólvidate de lo que ha pasado estos días.
- Gracias.
En aquel momento, las cosas entre Jordi y yo cambiaron mucho, muchísimo. Él también cambió, para bien. Era él mismo en todo momento, le daba igual lo que la gente pensase, sabía que le quería por lo que él era fuera de todo lo que tuviera que ver con el mundo del fútbol. Aún así, la gente hablaba mucho y habia momentos en los que no podía evitar volver a recordar sus propios fantasmas. Pero sabía enfrentarse a ellos y olvidar aquellas dudas que un día surgieron.
Por otra parte estaban Zaida y Sergio. Ni siquiera ellos mismos sabían lo que tenían, pero se sentían muy agusto estando así. Él pasaba mas tiempo en nuestra casa que en la suya, era un inquilino mas, lo que hacía que la mayoría de las veces yo me fuese a casa de Jordi. Eso significaba que cada vez veía menos a Zai, asique un día decidimos montar una fiesta solo nosotras, como en los viejos tiempos.
Salimos con Naira, nuestra irremplazable de las fiestas y en la discoteca había un par de chicos que no paraban de mirar. Eran caras que se me hacían bastante familiares, pero de lejos no lograba reconocerlos. Al poco rato se acercaron a saludar y nos dimos cuenta que eran varios jugadores del Girona, Coro, Dani Mallo y Moisés. Empezamos a hablar con ellos y hasta que se fueron estuvimos juntos todos. Moisés no le quitaba ojo a Naira y Dani había directo a por Zaida, aunque después de decirle que estaba con un chico se apartó. Aún así nos hicieron una noche de lo mas amena. Coro y yo tonteábamos, cruzábamos mil miradas y nos regalábamos otras tantas sonrisas, pero nada tenía mas intención que pasar una buena noche entre amigos. Antes de irnos intercambiamos los teléfonos y antes de salir de la discoteca, Moisés ya estaba escriendo a Naira. Eran como crios... Al día siguiente se vieron con eso lo digo todo. Hacían buena pareja. Tanto que empezaron a salir con nosotros, con Sergio y Zai y Jordi y yo. Dani desistió con Zaida. A él le gustaba bastante, pero ella quería mantener lo que quisiera que tuviese con Sergio. Así que los seis éramos un pack. Un pack, hasta que Coro empezó a conocer a Jordi y empezaron a tener muy buena relación, tan buena que empezó a salir con nosotros a pesar de no tener pareja y allí comenzó a surgir algo que complicaría demasiado las cosas.
viernes, 17 de mayo de 2013
Capítulo 5. SDUD2.
Sergio me llevó en su coche al hospital. Cuando llegamos Jordi ya estaba dentro, así que no pude verle hasta pasado un buen rato. No aguantaba los nervios, me iba a dar un ataque de ansiedad, necesitaba verle o al menos que alguien saliese y me dijese que estaba bien. Al cabo de un rato, salió un médico.
- Tranquilizate. Jordi está bien. Tiene un pequeño traumatismo y un par de costillas rotas por culpa de los golpes que recibió, pero está consciente y bien.
- ¿Podemos pasar a verle? -preguntaba Sergio.
- Si, por supuesto. Pero no le alteréis demasiado, tiene que descansar.
El médico nos acompañó a la habitación y allí estaba Zaida. Jordi se había quedado dormido por los calmantes para el dolor que le habían dado. Ella se quedo conmigo esa noche, no quería dejarme sola y yo no quería irme de allí. No podía dormir y Zaida se había dormido hacía horas ya. Serían mas de las cuatro de la madrugada, cuando estaba apoyada en la ventana de la habitación y me asustó.
- Iri, ¿qué haces ahí? -decía como podía.
- Jordi... -me acercaba corriendo a abrazarle. -Lo siento...
- No pequeña, no...
- Todo es por mi culpa.
- Amor, escúchame. Esto no es por tu culpa. Esto es culpa de un gilipollas que creía que estabas sola y que no había nadie para defenderte como antes.
- Si, pero si este es el precio que hay que pagar porque me defienda alguien de Mario, me niego.
- Mira que eres boba.
- No soy boba Jordi -decía tratando de contener las lágrimas -Esto no era lo que yo quería. Odio las peleas y mas cuando a la persona que están pegando a alguien a quien quiero. -rompí a llorar.
- ¿Estoy bien no? Iria, me niego a que nadie te ponga la mano encima.
- No Jordi, no.... -conseguí decir.
- Ven anda... -me decía alzando los brazos para que me acercase y me abrazase. -No te preocupes mas, no me gusta verte así. Olvídalo, ¿vale?
Aún estuvo una semana mas en el hospital y cuando le dieron el alta, tuvo lo menos un mes de baja. Todo ese tiempo estuve con él en su casa, ayudándole, tratando que no se moviera mucho por aquello de las costillas rotas... Y aunque parecía que todo iba a ir bien, allí comenzamos a tener muchas discusiones por culpa de tener que estar gran parte del tiempo inmovilizado si no quería que la lesión se agravara y alargara mas. Había momento que estaba demasiado irascible y a pesar de tener paciencia, demasiada, un día llegué a mi límite y exploté.
- ¿Pero quieres dejarme hacer algo? -decía enfadado.
- Mira, solo intento hacerte la recuperación lo mas fácil posible, pero así es imposible.
- Yo no te he pedido que me ayudes.
- Ah, perfecto. No te preocupes que no te voy a molestar mas. Perdón por querer ayudarte. -me levanté y cogí mis cosas para largarme de allí.
No vino detrás mio como pensé que iba a hacer lo cual me sentó como una patada en el estómago y me cabreó bastante. Me fui de allí enfadada. No esperaba que reaccionase así y menos cuando trataba de ayudarle porque sabía que haciendo según que movimientos, las costillas aún le dolían.
Llegué a casa y Zaida se sorprendió al verme. La conté y aún se sorprendió mas.
- Mira Zai, lleva desde que salió del hospital así. Haga lo que haga le molesta todo. Hoy ya he explotado.
- Entiéndele cariño, no es gusto de nadie tener que tener siempre a una persona pendiente de ti.
- Vale, pero creo que no me merezco que me diga que no me ha pedido que le ayude. Claro que no me lo ha pedido, pero si que fue él el que me dijo que me fuese a su casa este tiempo y después veríamos, supuse que si iba era para ayudarle, y mas sabiendo que aún tiene dolor y mucho.
Estuve un par de días sin llamarle, sin saber nada de él. Aunque me apetecía ir corriendo a su casa y ayudarle con todo, no lo haría, él fue quien hizo que me fuese. Si no queria ayuda y creía que se valía por si solo, adelante, no sería yo quien le dijese lo contrario. Pero después de tres, cuatro días me llamó.
- Iria, ¿puedes venir a casa? -decía con la voz demasiado apagada.
- ¿Estás bien, Jordi? -me asusté.
- No... ¿puedes venir?
Cuando llegué estaba sentado en el sillón, sin poder moverse a penas, y con la cara descompuesta. Ni siquiera era capaz de levantarse para abrirme la puerta, tuve que abrir con las llaves que me había dado para que pudiese entrar y salir cuando quisiese. Antes de decirle nada, fui a la cocina y cogí el calmante que el médico le había recetado, esos dolores eran dentro de lo que cabe normales y probablemente desde que me había ido no se habría tomado la medicación, por eso que estuviese así.
- Gracias por venir...
- De nada. Tómate esto -dije cortante. -Por cierto, te dejé las llaves que me diste en la cocina.
- Quiero que te las quedes.
- No las voy a necesitar ya.
- Quiero que te quedes aquí conmigo. Siempre.
- ¿Cómo? -me sorprendí.
- Sí... Sé que he estado muy borde contigo todos estos días, que he pagado todo mi mal genio contigo y no te lo merecías porque estabas aquí para ayudarme.. Lo siento.
- ¿Sabes que pasa? Que sólo me has llamado porque no te podías mover y cuando he estado aquí, que estaba porque me lo pediste, lo hacía encantada y lo sabes, pero fuiste tú quien me dijo que me quedase aquí contigo, lo único que hacías era berrearme.
- Ya lo sé Iria, ya lo sé. He sido un gilipollas. No sé de que manera pedirte perdón y hacerte creer que quiero que te quedes aquí conmigo, pero no porque necesite que me ayudes, sino siempre. Quiero que vivamos juntos.
- ¿Vivir juntos? Pero si nos conocemos de hace dos días, como quien dice.
- ¿Y qué? Me gusta estar contigo, no tiene nada de malo querer vivir con mi novia, ¿no?
- Claro que no tiene nada de malo, pero....
- Pero, ¿qué? Si no quieres no tienes mas que decirlo -dijo enfadado.
Y sin darme tiempo a contestar nada, se subió a la habitación. Me sentó muy mal aquella reacción estúpida, asíque dejé las llaves en el salón para que las viese bien y me fui.
- Tranquilizate. Jordi está bien. Tiene un pequeño traumatismo y un par de costillas rotas por culpa de los golpes que recibió, pero está consciente y bien.
- ¿Podemos pasar a verle? -preguntaba Sergio.
- Si, por supuesto. Pero no le alteréis demasiado, tiene que descansar.
El médico nos acompañó a la habitación y allí estaba Zaida. Jordi se había quedado dormido por los calmantes para el dolor que le habían dado. Ella se quedo conmigo esa noche, no quería dejarme sola y yo no quería irme de allí. No podía dormir y Zaida se había dormido hacía horas ya. Serían mas de las cuatro de la madrugada, cuando estaba apoyada en la ventana de la habitación y me asustó.
- Iri, ¿qué haces ahí? -decía como podía.
- Jordi... -me acercaba corriendo a abrazarle. -Lo siento...
- No pequeña, no...
- Todo es por mi culpa.
- Amor, escúchame. Esto no es por tu culpa. Esto es culpa de un gilipollas que creía que estabas sola y que no había nadie para defenderte como antes.
- Si, pero si este es el precio que hay que pagar porque me defienda alguien de Mario, me niego.
- Mira que eres boba.
- No soy boba Jordi -decía tratando de contener las lágrimas -Esto no era lo que yo quería. Odio las peleas y mas cuando a la persona que están pegando a alguien a quien quiero. -rompí a llorar.
- ¿Estoy bien no? Iria, me niego a que nadie te ponga la mano encima.
- No Jordi, no.... -conseguí decir.
- Ven anda... -me decía alzando los brazos para que me acercase y me abrazase. -No te preocupes mas, no me gusta verte así. Olvídalo, ¿vale?
Aún estuvo una semana mas en el hospital y cuando le dieron el alta, tuvo lo menos un mes de baja. Todo ese tiempo estuve con él en su casa, ayudándole, tratando que no se moviera mucho por aquello de las costillas rotas... Y aunque parecía que todo iba a ir bien, allí comenzamos a tener muchas discusiones por culpa de tener que estar gran parte del tiempo inmovilizado si no quería que la lesión se agravara y alargara mas. Había momento que estaba demasiado irascible y a pesar de tener paciencia, demasiada, un día llegué a mi límite y exploté.
- ¿Pero quieres dejarme hacer algo? -decía enfadado.
- Mira, solo intento hacerte la recuperación lo mas fácil posible, pero así es imposible.
- Yo no te he pedido que me ayudes.
- Ah, perfecto. No te preocupes que no te voy a molestar mas. Perdón por querer ayudarte. -me levanté y cogí mis cosas para largarme de allí.
No vino detrás mio como pensé que iba a hacer lo cual me sentó como una patada en el estómago y me cabreó bastante. Me fui de allí enfadada. No esperaba que reaccionase así y menos cuando trataba de ayudarle porque sabía que haciendo según que movimientos, las costillas aún le dolían.
Llegué a casa y Zaida se sorprendió al verme. La conté y aún se sorprendió mas.
- Mira Zai, lleva desde que salió del hospital así. Haga lo que haga le molesta todo. Hoy ya he explotado.
- Entiéndele cariño, no es gusto de nadie tener que tener siempre a una persona pendiente de ti.
- Vale, pero creo que no me merezco que me diga que no me ha pedido que le ayude. Claro que no me lo ha pedido, pero si que fue él el que me dijo que me fuese a su casa este tiempo y después veríamos, supuse que si iba era para ayudarle, y mas sabiendo que aún tiene dolor y mucho.
Estuve un par de días sin llamarle, sin saber nada de él. Aunque me apetecía ir corriendo a su casa y ayudarle con todo, no lo haría, él fue quien hizo que me fuese. Si no queria ayuda y creía que se valía por si solo, adelante, no sería yo quien le dijese lo contrario. Pero después de tres, cuatro días me llamó.
- Iria, ¿puedes venir a casa? -decía con la voz demasiado apagada.
- ¿Estás bien, Jordi? -me asusté.
- No... ¿puedes venir?
Cuando llegué estaba sentado en el sillón, sin poder moverse a penas, y con la cara descompuesta. Ni siquiera era capaz de levantarse para abrirme la puerta, tuve que abrir con las llaves que me había dado para que pudiese entrar y salir cuando quisiese. Antes de decirle nada, fui a la cocina y cogí el calmante que el médico le había recetado, esos dolores eran dentro de lo que cabe normales y probablemente desde que me había ido no se habría tomado la medicación, por eso que estuviese así.
- Gracias por venir...
- De nada. Tómate esto -dije cortante. -Por cierto, te dejé las llaves que me diste en la cocina.
- Quiero que te las quedes.
- No las voy a necesitar ya.
- Quiero que te quedes aquí conmigo. Siempre.
- ¿Cómo? -me sorprendí.
- Sí... Sé que he estado muy borde contigo todos estos días, que he pagado todo mi mal genio contigo y no te lo merecías porque estabas aquí para ayudarme.. Lo siento.
- ¿Sabes que pasa? Que sólo me has llamado porque no te podías mover y cuando he estado aquí, que estaba porque me lo pediste, lo hacía encantada y lo sabes, pero fuiste tú quien me dijo que me quedase aquí contigo, lo único que hacías era berrearme.
- Ya lo sé Iria, ya lo sé. He sido un gilipollas. No sé de que manera pedirte perdón y hacerte creer que quiero que te quedes aquí conmigo, pero no porque necesite que me ayudes, sino siempre. Quiero que vivamos juntos.
- ¿Vivir juntos? Pero si nos conocemos de hace dos días, como quien dice.
- ¿Y qué? Me gusta estar contigo, no tiene nada de malo querer vivir con mi novia, ¿no?
- Claro que no tiene nada de malo, pero....
- Pero, ¿qué? Si no quieres no tienes mas que decirlo -dijo enfadado.
Y sin darme tiempo a contestar nada, se subió a la habitación. Me sentó muy mal aquella reacción estúpida, asíque dejé las llaves en el salón para que las viese bien y me fui.
domingo, 12 de mayo de 2013
Capítulo 4. SDUD2.
- Hola princesa -me decía Mario mientras me sujetaba por la cintura.
- ¡Suéltame! -grité, lo que hizo que Jordi se diese cuenta que estaba allí.
- ¿Ya no te gusta que te abracen o qué?
- No me gusta que me abraces tú. Sueltame Mario.
- ¿Estás bien Iria? -decía Jordi acercándose mientras Mario me soltaba.
- Si, tranquilo, Mario ya se iba.
- No, princesa, acabo de llegar.
- ¿Princesa? ¿Se puede saber quien es este nena?
- ¿Y este que es tu nuevo fichaje? Apuntas alto. ¿Cuánto vas a tardar en joderle?
- Mario, vete.
- Mira chaval, o te vas o... -se acercaba Jordi a Mario.
- ¿O qué?
- Jordi para por favor... -intenté apartarle.
- Venga o que. Ten huevos. -decía Mario acercándose aún mas.
- ¡Ya! -conseguí interponerme entre los dos y llevarme a Jordi. -Vámonos por favor.
- Ni se te ocurra volver a acercarte a ella.
Mario había sido un chico con el que estuve haría al menos un año y fueron seis meses, pero probablemente de esos seis, cuatro fueron los peores de mi vida. Al principio como todo, la cosa era perfecta y maravillosa, pero según iba avanzando la relación empezó a salir el Mario de verdad, el que yo no había conocido y de haber sido así no me hubiera enamorado jamás. Me controlaba todo, absolutamente todo lo que hacía; donde iba, con quien, porque... Era celoso, pero de los enfermizos. No me prohibía nada de primeras, pero después teníamos grandes broncas. Los insultos eran el principio de todo. Nunca llegó a ponerme la mano encima, pero sinceramente creo que en alguna ocasión le falto bien poco. Zaida sabía toda la historia y sobre todo ella fue quien me ayudó a separarme de él. Hacía muchísimo que no sabíamos de él y ahora que había conocido a Jordi y trataba de rehacer mi vida, volvía a aparecer a joder lo que hubiese. Tenía el don del oportunismo.
Nada mas irse Mario no pude evitar llorar, lo cual preocupó bastante a Jordi. No sabía como contarle todo esto y él no sabía como preguntarme sin que me sintiera incómoda. Me calmé, pero no pude contarle nada, no quería que se asustara o que hicese algo de lo que después se pudiese arrepentir. Esa noche decidició que dormiría en su casa, no quería dejarme sola y teniendo en cuenta que Sergio seguía con Zaida en casa, no pude evitar aceptar su invitación.
Llegamos a casa de Jordi y me llevó directamente a la cama. Estaba agotada después de todo lo que acababa de pasar, a pesar de que habían sido a penas diez minutos; Mario agotaba todas mis fuerzas. Agradecí que no me volviese a preguntar sobre quien era él, se lo contaría pero ese momento probablemente no fuese el mas indicado. Me tumbé en la cama y me quedé dormida en el momento.
Cuando me desperté a la mañana siguiente Jordi no estaba, asíque sali a buscarle. Estaba en la cocina preparando el desayuno.
- Buenos días -le decía abrazándole por la espalda.
- Buenos días pequeña. -besándome. -¿Cómo has dormido?
- Muy bien, como un angelito.
- Así me gusta -y sonreía con esa sonrisa de medio lado que tan loca me volvía.
- Creo que te debo un explicación por todo lo de ayer...
- Si no quieres sabes que no hace falta.
- Lo sé, pero después de todo te mereces saberlo todo.
Le conté como pude, pues cuando hablaba del tema me ponía demasiado nerviosa, quien era Mario, que había pasado con él y todo lo que habíamos vivido juntos. Según iba avanzando, la cara de Jordi cambiaba y a peor. No sabía que decirme, pero sabía que si tuviera a Mario delante, caricias precisamente no le haría. No dijo nada, sólo se acercó a mi y me abrazó. Me abrazó fuerte. Un abrazo de esos que hacen que te sientas protegida, sin necesidad de tener ningún miedo.
A regañadientes me llevó a casa con Zai, Sergio ya se había ido, asíque tenía via libre. Jordi no quería que me quedara allí, Mario sabía donde vivia, pero no podía estar con miedo de si iba o no a aparecer, tendría que tratar de hacer mi vida.
Cuando llegué Zaida no estaba, había ido a comprar unas cosas, asíque mientras tanto me di una ducha. Salí, me vestí y empecé a preparar la comida para que cuando ella llegase estuviese todo preparado. Como siempre, en casa en tradición cocinar con la música a todo volumen, "y bañate en mis ojos que se joda el mar..." y cantar mas alto aún. Sonó la puerta y pensé que sería Zaida asíque tranquilamente fui a abrir la puerta, iría demasiado cargada para poder sacar las llaves.
Para mi sorpresa no era Zaida. Era Mario. Me esta entrando miedo.
- ¿Qué haces aquí?
- ¿No te alegras de volver a verme?
- No. Vete.
- Que borde te estás volviendo, ya no dejas pasar a los viejos buenos amigos.
- Tu no eres ni amigo ni bueno, vete Mario.
Su fuerza doblaba la mía asique con un pequeño empujón consiguió apartarme de la puerta y pasar él. No sabía que quería, pero su actitud no me gustaba nada. Estaba como cuando discutíamos. Quería llamar a Jordi y que viniese pero no lo podía hacer con él delante. Gracias a Dios, Zaida vino al segundo y al ver aquel percal, le escribió ella. Dos minutos después, Jordi estaba en casa y de muy mal humor, tanto que cuando llegó y vi sus intenciones traté de pararle y las borderias me las tragué yo.
- ¿No te cansas de joder a la gente? -le decía Jordi encarándose a él. -¿No te dije ayer que no te acercases a ella mas?
- Ay nene... Ahí donde ves a tu querida novia, es mas zorra que ninguna.
- Ni me llames nene, ni la insultes a ella o tendremos mas que palabras.
- ¿Tu te crees que por qué seas un futbolista famoso me voy a cortar a la hora de partirte la cara?
- Ni yo por ser un futbolista famoso voy a cortarme a la hora de reventarte la tuya.
- Jordi por favor... -sollozaba intentando meterme entre medias. -Coge y sácale de aquí, pero no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.
- Si prefieres que te pegue a ti, me voy.
- Jordi, no seas gilipollas -le decía Zaida. -No te metas en lios con este tio.
- Dejadle en paz. Dejad que me pegue si quiere.
Acto seguido, Jordi sin dejarle hablar ni un solo minuto mas, le dio un puñetado en la cara el cual este le devolvió por tres. No podía parar de llorar. Jordi tirado en el suelo, sangrando y Mario dándole patadas y gritando que yo tendría que volver con él, mientras Zaida trataba de pararle. Como pude conseguí coger el teléfono, llamar a la policia y a Sergio para que viniera a ayudarme. Los dos llegaron en seguida. Sergio se ocupó de calmarme y la policia junto con la ambulancia y Zaida se llevaban a Mario detenido y a Jordi al hospital. Esto era aún peor que la pesadilla mas terrorífica que alguien se pueda imaginar.
- ¡Suéltame! -grité, lo que hizo que Jordi se diese cuenta que estaba allí.
- ¿Ya no te gusta que te abracen o qué?
- No me gusta que me abraces tú. Sueltame Mario.
- ¿Estás bien Iria? -decía Jordi acercándose mientras Mario me soltaba.
- Si, tranquilo, Mario ya se iba.
- No, princesa, acabo de llegar.
- ¿Princesa? ¿Se puede saber quien es este nena?
- ¿Y este que es tu nuevo fichaje? Apuntas alto. ¿Cuánto vas a tardar en joderle?
- Mario, vete.
- Mira chaval, o te vas o... -se acercaba Jordi a Mario.
- ¿O qué?
- Jordi para por favor... -intenté apartarle.
- Venga o que. Ten huevos. -decía Mario acercándose aún mas.
- ¡Ya! -conseguí interponerme entre los dos y llevarme a Jordi. -Vámonos por favor.
- Ni se te ocurra volver a acercarte a ella.
Mario había sido un chico con el que estuve haría al menos un año y fueron seis meses, pero probablemente de esos seis, cuatro fueron los peores de mi vida. Al principio como todo, la cosa era perfecta y maravillosa, pero según iba avanzando la relación empezó a salir el Mario de verdad, el que yo no había conocido y de haber sido así no me hubiera enamorado jamás. Me controlaba todo, absolutamente todo lo que hacía; donde iba, con quien, porque... Era celoso, pero de los enfermizos. No me prohibía nada de primeras, pero después teníamos grandes broncas. Los insultos eran el principio de todo. Nunca llegó a ponerme la mano encima, pero sinceramente creo que en alguna ocasión le falto bien poco. Zaida sabía toda la historia y sobre todo ella fue quien me ayudó a separarme de él. Hacía muchísimo que no sabíamos de él y ahora que había conocido a Jordi y trataba de rehacer mi vida, volvía a aparecer a joder lo que hubiese. Tenía el don del oportunismo.
Nada mas irse Mario no pude evitar llorar, lo cual preocupó bastante a Jordi. No sabía como contarle todo esto y él no sabía como preguntarme sin que me sintiera incómoda. Me calmé, pero no pude contarle nada, no quería que se asustara o que hicese algo de lo que después se pudiese arrepentir. Esa noche decidició que dormiría en su casa, no quería dejarme sola y teniendo en cuenta que Sergio seguía con Zaida en casa, no pude evitar aceptar su invitación.
Llegamos a casa de Jordi y me llevó directamente a la cama. Estaba agotada después de todo lo que acababa de pasar, a pesar de que habían sido a penas diez minutos; Mario agotaba todas mis fuerzas. Agradecí que no me volviese a preguntar sobre quien era él, se lo contaría pero ese momento probablemente no fuese el mas indicado. Me tumbé en la cama y me quedé dormida en el momento.
Cuando me desperté a la mañana siguiente Jordi no estaba, asíque sali a buscarle. Estaba en la cocina preparando el desayuno.
- Buenos días -le decía abrazándole por la espalda.
- Buenos días pequeña. -besándome. -¿Cómo has dormido?
- Muy bien, como un angelito.
- Así me gusta -y sonreía con esa sonrisa de medio lado que tan loca me volvía.
- Creo que te debo un explicación por todo lo de ayer...
- Si no quieres sabes que no hace falta.
- Lo sé, pero después de todo te mereces saberlo todo.
Le conté como pude, pues cuando hablaba del tema me ponía demasiado nerviosa, quien era Mario, que había pasado con él y todo lo que habíamos vivido juntos. Según iba avanzando, la cara de Jordi cambiaba y a peor. No sabía que decirme, pero sabía que si tuviera a Mario delante, caricias precisamente no le haría. No dijo nada, sólo se acercó a mi y me abrazó. Me abrazó fuerte. Un abrazo de esos que hacen que te sientas protegida, sin necesidad de tener ningún miedo.
A regañadientes me llevó a casa con Zai, Sergio ya se había ido, asíque tenía via libre. Jordi no quería que me quedara allí, Mario sabía donde vivia, pero no podía estar con miedo de si iba o no a aparecer, tendría que tratar de hacer mi vida.
Cuando llegué Zaida no estaba, había ido a comprar unas cosas, asíque mientras tanto me di una ducha. Salí, me vestí y empecé a preparar la comida para que cuando ella llegase estuviese todo preparado. Como siempre, en casa en tradición cocinar con la música a todo volumen, "y bañate en mis ojos que se joda el mar..." y cantar mas alto aún. Sonó la puerta y pensé que sería Zaida asíque tranquilamente fui a abrir la puerta, iría demasiado cargada para poder sacar las llaves.
Para mi sorpresa no era Zaida. Era Mario. Me esta entrando miedo.
- ¿Qué haces aquí?
- ¿No te alegras de volver a verme?
- No. Vete.
- Que borde te estás volviendo, ya no dejas pasar a los viejos buenos amigos.
- Tu no eres ni amigo ni bueno, vete Mario.
Su fuerza doblaba la mía asique con un pequeño empujón consiguió apartarme de la puerta y pasar él. No sabía que quería, pero su actitud no me gustaba nada. Estaba como cuando discutíamos. Quería llamar a Jordi y que viniese pero no lo podía hacer con él delante. Gracias a Dios, Zaida vino al segundo y al ver aquel percal, le escribió ella. Dos minutos después, Jordi estaba en casa y de muy mal humor, tanto que cuando llegó y vi sus intenciones traté de pararle y las borderias me las tragué yo.
- ¿No te cansas de joder a la gente? -le decía Jordi encarándose a él. -¿No te dije ayer que no te acercases a ella mas?
- Ay nene... Ahí donde ves a tu querida novia, es mas zorra que ninguna.
- Ni me llames nene, ni la insultes a ella o tendremos mas que palabras.
- ¿Tu te crees que por qué seas un futbolista famoso me voy a cortar a la hora de partirte la cara?
- Ni yo por ser un futbolista famoso voy a cortarme a la hora de reventarte la tuya.
- Jordi por favor... -sollozaba intentando meterme entre medias. -Coge y sácale de aquí, pero no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.
- Si prefieres que te pegue a ti, me voy.
- Jordi, no seas gilipollas -le decía Zaida. -No te metas en lios con este tio.
- Dejadle en paz. Dejad que me pegue si quiere.
Acto seguido, Jordi sin dejarle hablar ni un solo minuto mas, le dio un puñetado en la cara el cual este le devolvió por tres. No podía parar de llorar. Jordi tirado en el suelo, sangrando y Mario dándole patadas y gritando que yo tendría que volver con él, mientras Zaida trataba de pararle. Como pude conseguí coger el teléfono, llamar a la policia y a Sergio para que viniera a ayudarme. Los dos llegaron en seguida. Sergio se ocupó de calmarme y la policia junto con la ambulancia y Zaida se llevaban a Mario detenido y a Jordi al hospital. Esto era aún peor que la pesadilla mas terrorífica que alguien se pueda imaginar.
jueves, 9 de mayo de 2013
Capítulo 3. SDUD2.
La había cagado por todo lo alto. Había desconfiado de Jordi antes de tiempo y ahora sería difícil arreglarlo. No sabía que hacer, si volver a él a pedirle perdón o irme a casa, tranquilizarme, que se tranquilizase y hablarlo cuando los dos estuviésemos relajados. Opté por la segunda opción, no estaba el ambiente para marearlo mas.
Todo el camino de vuelta a casa lo pasé callada. Zaida me preguntaba, pero al ver que no quería hablar y por la cara que tenía, se había dado cuenta que en todo esto Jordi, algo tenía que ver. Nada mas llegar me fui a la cama y después de horas dando vueltas conseguí dormirme, pero aún así, me desperté demasiado pronto y al mirar la hora y vi que todavía estaba a tiempo de ir a la ciudad esportiva y esperar a que los chicos saliesen del entreno y hablar con Jordi.
Así hice. Desayuné lo mas rápido que pude, me vestí con lo primero que pillé y me fui a esperarle. Hoy no era mi día de suerte. La ciudad esportiva estaba llena de gente, asíque sería muy complicado hablar con él sobre un tema como este y para colmo iba a salir en coche. Tuve la suerte de que varias personas le pararon para hacerse fotos con él y que les firmase, pero como yo no había ido a eso me aparté un poco del mundo, no quería molestarles. Me vio. Entre persona y persona podía ver su cara, y vi la cara que puso al verme entre el mogollón. Aceleró, me hizo un gesto con la cabeza para que fuese hacia delante, salió de la CE y paró el coche en la esquina.
- ¿Se puede saber que haces aquí? -decía mientras se bajaba del coche aún con voz de enfadado.
- Vengo de buen rollo, si vas a estar así, me voy, Jordi. -dije alejándome.
- Iria, joder... -apoyándose en la puerta del coche. -No te vayas... Ven... -me decía agarrándome de la muñeca a la vez que tiraba de mi para acercarme a él.
- Lo siento. -dije abrazándole. -De verdad, no sé que me pasó. No sé porque reaccioné así... Bueno si lo sé, pero no sé porque no me contuve antes de adelantarme... -estábamos tan cerca, que si le miraba a los ojos, pues estaba hablándole apoyada sobre su pecho, nuestros labios se juntarían.
- Igual fue culpa mia, pero no pensé que fueses a reaccionar así. Era mi hermana, pero nena, tampoco tenía necesidad de explicarte nada si aún no hay nada, ¿no?
- Ya lo sé, lo siento de verdad...
- Antes has dicho que sabías porque habías reaccionado así, ¿por qué, si puede saberse?
Subí la mirada, apoyamos nuestras frentes la una con la otra, y me besó. Y era algo que necesitaba. Me abrazó y no hubo mas que decir entre los dos. Como dicen, con pocas palabras bastan, y ahí ya estaba todo dicho.
Estuvimos juntos todo el día. Era una sensación extraña la que al menos yo sentía; ni quería ni podía separarme de él. Comimos, paseamos por Barcelona, reimos, hicimos mil locuras, volvimos a reir, no paramos de besarnos. Besos y risas todo unido. Parecíamos dos tontos. Pero no nos importaba lo que pensase el resto de la gente, éramos felices haciéndolo así. Estaba tan centrada en él que me olvidé de todo, tanto que en un momento de la tarde me dio por mirar el móvil y vi que tenía lo menos veinte llamadas perdidas de Zaida. No la había avisado de que estaba con Jordi y se había preocupado. La llamé al instante.
- ¿Se puede saber donde te metes? -me decía asustada.
- Lo siento, Zai, no me acordé de avisarte. Estoy con Jordi.
- ¿Con Jordi?
- Sí. Fui esta mañana a hablar con él y....
- Vale, no me digas más. Dile que te trate bien o le corto los huevos.... -reía.
- Tranquila, lo hace.
Colgué y me abrazó. Me estaba acostumbrando demasiado rápido a sus abrazos, a estar con él... No me gustaba que el sentimiento llegase a mi tan tempranamente, no quería sufrir después, pero estaba tan agusto a su lado que no podía evitarlo.
- Gracias -me susurraba al oído mientras me abrazaba por la cintura y apoyaba su cabeza en mi hombro.
- ¿Gracias por qué? -le acariciaba el pelo.
- Por todo lo de hoy.
- No he hecho nada.
- Has hecho todo.
- Mira que eres bobo... -sonreía.
- Seré bobo, pero tú hoy has hecho que pase un día maravilloso. ¿Te puedo contar una cosa?
- Claro.
- Desde lo que pasó el otro día en el bar, me sentía muy culpable por lo que estaba pasando entre nosotros, pensé que te había perdido. Igual debí llamarte, pero el orgullo me pudo. Aún así, creemé si te digo que tuve miedo a que no volvieses a buscarme.
- ¿Y si no hubiese aparecido hoy por la ciudad esportiva no hubieses venido a buscarme tú?
- No lo sé. Probablemente sí, siento demasiado por ti, pero a la vez soy demasiado orgulloso y cabezón y me hubiera costado bastante ser yo el que diese el paso.
- Con que orgulloso... ¿Eh? -dije risueña.
- Un poquito -me sonreía poniendo cara de pillín.
- Has tenido suerte.
- He tenido suerte, pero suerte de conocerte.
Y sin mas, poníamos fin a un día que había sido de esos que aunque quieras olvidar no puedes, porque es tan perfecto que siempre te hace sonréir y te trae mil recuerdos perfectos.
Llegué a casa y para mi sorpresa estaba Sergio. No me lo esperaba. Pero lo que menos me esperaba era verle sin pantalones y sin camiseta, sólo con los calzoncillos y rebuscando en mi nevera vete a saber que. Cuando me vio se asustó.
- ¿Hace cuanto llevas ahí?
- Esa no es la pregunta. La pregunta es, ¿qué haces en mi casa y así? -reí. Era una pregunta retórica y mas aún cuando Zaida salió de la habitación con la camisa de Sergio mal abrochada y en ropa interior.
- Te lo puedo explicar. -decía Zaida.
- No necesito que me expliquéis nada. Yo me bajo a ver si Jordi sigue por ahí y ya me avisáis para que suba.
Eso hice, bajé y por suerte le habían llamado por teléfono y para no conducir hablando estaba en la esquina de casa. Pero en que momento bajé. Me estaba acercando a Jordi cuando derepente, alguien me agarró por la cintura. Me giré y no podía creer lo que estaba viendo. Mario, mi ex. Un ex de esos que te hacen la vida imposible. Venía con ganas de guerra, mucha guerra.
Todo el camino de vuelta a casa lo pasé callada. Zaida me preguntaba, pero al ver que no quería hablar y por la cara que tenía, se había dado cuenta que en todo esto Jordi, algo tenía que ver. Nada mas llegar me fui a la cama y después de horas dando vueltas conseguí dormirme, pero aún así, me desperté demasiado pronto y al mirar la hora y vi que todavía estaba a tiempo de ir a la ciudad esportiva y esperar a que los chicos saliesen del entreno y hablar con Jordi.
Así hice. Desayuné lo mas rápido que pude, me vestí con lo primero que pillé y me fui a esperarle. Hoy no era mi día de suerte. La ciudad esportiva estaba llena de gente, asíque sería muy complicado hablar con él sobre un tema como este y para colmo iba a salir en coche. Tuve la suerte de que varias personas le pararon para hacerse fotos con él y que les firmase, pero como yo no había ido a eso me aparté un poco del mundo, no quería molestarles. Me vio. Entre persona y persona podía ver su cara, y vi la cara que puso al verme entre el mogollón. Aceleró, me hizo un gesto con la cabeza para que fuese hacia delante, salió de la CE y paró el coche en la esquina.
- ¿Se puede saber que haces aquí? -decía mientras se bajaba del coche aún con voz de enfadado.
- Vengo de buen rollo, si vas a estar así, me voy, Jordi. -dije alejándome.
- Iria, joder... -apoyándose en la puerta del coche. -No te vayas... Ven... -me decía agarrándome de la muñeca a la vez que tiraba de mi para acercarme a él.
- Lo siento. -dije abrazándole. -De verdad, no sé que me pasó. No sé porque reaccioné así... Bueno si lo sé, pero no sé porque no me contuve antes de adelantarme... -estábamos tan cerca, que si le miraba a los ojos, pues estaba hablándole apoyada sobre su pecho, nuestros labios se juntarían.
- Igual fue culpa mia, pero no pensé que fueses a reaccionar así. Era mi hermana, pero nena, tampoco tenía necesidad de explicarte nada si aún no hay nada, ¿no?
- Ya lo sé, lo siento de verdad...
- Antes has dicho que sabías porque habías reaccionado así, ¿por qué, si puede saberse?
Subí la mirada, apoyamos nuestras frentes la una con la otra, y me besó. Y era algo que necesitaba. Me abrazó y no hubo mas que decir entre los dos. Como dicen, con pocas palabras bastan, y ahí ya estaba todo dicho.
Estuvimos juntos todo el día. Era una sensación extraña la que al menos yo sentía; ni quería ni podía separarme de él. Comimos, paseamos por Barcelona, reimos, hicimos mil locuras, volvimos a reir, no paramos de besarnos. Besos y risas todo unido. Parecíamos dos tontos. Pero no nos importaba lo que pensase el resto de la gente, éramos felices haciéndolo así. Estaba tan centrada en él que me olvidé de todo, tanto que en un momento de la tarde me dio por mirar el móvil y vi que tenía lo menos veinte llamadas perdidas de Zaida. No la había avisado de que estaba con Jordi y se había preocupado. La llamé al instante.
- ¿Se puede saber donde te metes? -me decía asustada.
- Lo siento, Zai, no me acordé de avisarte. Estoy con Jordi.
- ¿Con Jordi?
- Sí. Fui esta mañana a hablar con él y....
- Vale, no me digas más. Dile que te trate bien o le corto los huevos.... -reía.
- Tranquila, lo hace.
Colgué y me abrazó. Me estaba acostumbrando demasiado rápido a sus abrazos, a estar con él... No me gustaba que el sentimiento llegase a mi tan tempranamente, no quería sufrir después, pero estaba tan agusto a su lado que no podía evitarlo.
- Gracias -me susurraba al oído mientras me abrazaba por la cintura y apoyaba su cabeza en mi hombro.
- ¿Gracias por qué? -le acariciaba el pelo.
- Por todo lo de hoy.
- No he hecho nada.
- Has hecho todo.
- Mira que eres bobo... -sonreía.
- Seré bobo, pero tú hoy has hecho que pase un día maravilloso. ¿Te puedo contar una cosa?
- Claro.
- Desde lo que pasó el otro día en el bar, me sentía muy culpable por lo que estaba pasando entre nosotros, pensé que te había perdido. Igual debí llamarte, pero el orgullo me pudo. Aún así, creemé si te digo que tuve miedo a que no volvieses a buscarme.
- ¿Y si no hubiese aparecido hoy por la ciudad esportiva no hubieses venido a buscarme tú?
- No lo sé. Probablemente sí, siento demasiado por ti, pero a la vez soy demasiado orgulloso y cabezón y me hubiera costado bastante ser yo el que diese el paso.
- Con que orgulloso... ¿Eh? -dije risueña.
- Un poquito -me sonreía poniendo cara de pillín.
- Has tenido suerte.
- He tenido suerte, pero suerte de conocerte.
Y sin mas, poníamos fin a un día que había sido de esos que aunque quieras olvidar no puedes, porque es tan perfecto que siempre te hace sonréir y te trae mil recuerdos perfectos.
Llegué a casa y para mi sorpresa estaba Sergio. No me lo esperaba. Pero lo que menos me esperaba era verle sin pantalones y sin camiseta, sólo con los calzoncillos y rebuscando en mi nevera vete a saber que. Cuando me vio se asustó.
- ¿Hace cuanto llevas ahí?
- Esa no es la pregunta. La pregunta es, ¿qué haces en mi casa y así? -reí. Era una pregunta retórica y mas aún cuando Zaida salió de la habitación con la camisa de Sergio mal abrochada y en ropa interior.
- Te lo puedo explicar. -decía Zaida.
- No necesito que me expliquéis nada. Yo me bajo a ver si Jordi sigue por ahí y ya me avisáis para que suba.
Eso hice, bajé y por suerte le habían llamado por teléfono y para no conducir hablando estaba en la esquina de casa. Pero en que momento bajé. Me estaba acercando a Jordi cuando derepente, alguien me agarró por la cintura. Me giré y no podía creer lo que estaba viendo. Mario, mi ex. Un ex de esos que te hacen la vida imposible. Venía con ganas de guerra, mucha guerra.
domingo, 5 de mayo de 2013
Capítulo 2. SDUD2.
Me fui a dormir un poco desilusionada por como se había comportado Jordi, pero al día siguiente me desperté como nueva. Zaida se había levantado de muy buen humor, estaba preparando el desayuno y tenía la música a todo volumen. Cuando hacía eso, iba a ser un buen día. "se me ponen si me besas... rojitas las orejas..."
- Desde que llevo despierta, no sé cuantas veces te ha llamado Jordi -me decía dándome el movil. -Aparte, tenías otros tantos mensajes suyos.
- ¿De Jordi?
- Si, Jordi. No sé que quería. La última vez que llamó fue hace un momento, le dije que estabas durmiendo. Me dijo que le llamases, que tenía que hablar contigo.
Hice lo que Zaida me había dicho, le llamé, después de leer los dos millones de mensajes que me había escrito pidiéndome perdón por todo lo de ayer. Quedamos en vernos en una hora para intentar aclarar las cosas y tan puntual como siempre vino a recogerme. Paseamos tranquilamente, aunque nerviosos, sin saber que decir, hasta que no pude mas y tuve que romper el hielo.
- Jordi, me encanta pasear por Barcelona, pero creo que no hemos quedado para esto. ¿Qué te pasa? Llevas todo el camino calladísimo.
- Es que no sé como decirtelo.
- ¿El qué? -intrigada me sentaba en un banco mientras el hacía lo mismo.
- Lo primero de todo, perdón. Perdón por como estuve ayer. Parece mentira que fuese yo el que quisiera que cenásemos juntos.
- Pues sí. Yo me llegué a sentir un poco incómoda. Veía a Zai y Sergio tan bien que te miraba y me quitabas la mirada y no entendía nada.
- Ya lo sé, por eso lo siento. Me sentí super estúpido cuando llegué a casa y me di cuenta de como había estado contigo. No sé que me pasó de verdad. -decía mirando al suelo con la mirada triste.
- Jordi... ¿Qué te pasa? ¿Por qué te pones así? -me parecía extraño verle tan decaído.
- ¡Porque me gustas!
- ¿Que qué? -dije sorprendida.
- Pues eso, que me gustas. No creas que le pido una cena a cualquiera... -se hizo el silencio. Parecia que había pasado un ángel -Di algo, no te quedes callada...
- No sé que decirte, Jordi. Me has sorprendido. No me esperaba que me dijeses algo así.
- ¿Y de qué modo te ha sorprendido? ¿Para bien o para mal?
- No sé, supongo que para bien.
- No tenía que haberte dicho nada.... -se resignaba.
Después de aquella confesión todo se enfrió bastante. Yo no sabía si sentía algo por él y probablemente mal por mi parte, me aparté un poco de todo lo que tenía que ver con Jordi. Zaida seguía viendo a Sergio, habían conectado muy bien y no había pasado nada, pero tenía una muy pero muy buena relación, parecía que se conocían de toda la vida, y cada vez que estaba con Sergio me decía que Jordi preguntaba por mi y que tenía ganas de verme, pero no sabía muy bien que era lo que me pasaba que no tenía fuerzas para verle. Aún así, sabía que algún día tendría que darle una explicación por todo.
El lunes Zaida se fue a ver a Sergio después del entrenamiento, comerían juntos, asíque me quedé sola en casa. A eso de las dos de la tarde, mientras me preparaba algo para comer, sonó la puerte. Extrañada, no esperaba a nadie, fuí a abrir.
- ¿Qué haces aquí? -decía sorprendida al ver a Jordi al otro lado de la puerta.
- Yo también me alegro de verte.
- Mira que eres bobo.. Pasa anda. -entró y después de un largo silencio, conseguí pedirle perdón. -Lo siento. Lo siento por como he reaccionado después de que me dijeses aquello. Lo siento por no volver a llamarte y por no dar señales de vida, pero no he sabido hacerlo de otra forma. Quizá no ha sido la mejor manera, pero sólo he sabido hacerlo así.
- Si era lo que necesitabas para pensar o para recapacitar, me daba igual esperar el tiempo que hiciese falta. No cambio de opinión con tanta facilidad. Sigo pensando igual y sintiendo lo mismo que el otro día Iria.
- Yo estos días me he dado cuenta de una cosa.
- Sorpréndeme.
- Sentía que te echaba de menos. Que necesitaba verte, estar contigo... No sé. Era extraño que la cabeza me dijese hacer una cosa y el corazón otra.
- Eso es buena señal.
- Me he dado cuenta que también siento algo por ti, pero no sé hasta que punto. Necesito un poco de tiempo para conocerte, saber que quieres, porque yo, si realmente siento algo fuerte por ti. Entiéndeme Jordi, sin conocerte de nada no puedo saber que siento.
- Esperaré y te enamoraré -decía risueño.
- Tonto... -y le empujaba. -Gracias.
Se fue y todo volvió a la normalidad entre nosotros. Volvía a ir con Zaida a esperarles a la salida del entreno, volvíamos a irnos de locuras juntos.. Ahora todo era incluso mejor, pues Jordi se tomó al pie de la letra sus palabras de que iba a enamorarme y aunque las dijo en broma, creo que pocas veces ha dicho algo con tanta seguridad. Poco a poco lo estaba consiguiendo, pero para mi aún era demasiado pronto para decirle nada. Hasta que un día me di cuenta por una tontería que sentía mucho mas de lo que creía.
En las pocas semanas que tuvieron de vacaciones, una noche salimos de fiesta tranquilamente, Sergio, Jordi, Zaida y yo con varios amigos de los cuatro. Estando en uno de los garitos a los que entramos, Jordi estuvo hablando con una chica a la que parecía conocer, por la cercanía que había entre los dos; que si ahora te abrazo, que si luego te toco el pelo, que si la manita por la cintura... Mil gestos que inexplicablemente me estaban poniendo celosa e hicieron que me amargara la noche.
- Me voy a casa -le decia a Zaida.
- ¿Por qué? Estamos pasándolo bien.
- Estoy cansada y mañana tengo que madrugar, me toca trabajar...
- Venga Iria, quédate...
- No, de verdad. Quédate tu con ellos, yo vuelvo sola.
- No, no, yo vuelvo contigo. Pero esperate que voy a avisar a los demás de que nos vamos.
- Te espero aquí.
Zaida se acercó a los chicos para decirles que nos íbamos, mientras yo esperaba apoyada en la puerta y en ese transcurso de tiempo, Jordi se acercó.
- Pequeña, ¿por qué te vas?
- Porque estoy cansada. -dije en tono cortante.
- Ey ey ey, ¿qué te pasa?
- Nada, Jordi. Sólo estoy cansada.
- ¿Se puede saber a que viene tanta borderia? No entiendo nada.
- Yo tampoco entiendo tanta tontería con ciertas personas y luego me vengas comiendo la oreja a mi.
- Vaya... Ya lo entiendo todo. Estás celosa porque estuviese hablando con Marta.
- Déjalo Jordi, déjalo. Es lo mejor. Olvida todo, ¿vale?
- Estupendo -decía enfadado. -Mira Iria, no es lo que crees, pero si es lo que quieres adelante. Eso sí, antes de ponerte como una furia deberías de preguntar, porque Marta es mi hermana. -sentenció mientras volvía con los demás.
- Desde que llevo despierta, no sé cuantas veces te ha llamado Jordi -me decía dándome el movil. -Aparte, tenías otros tantos mensajes suyos.
- ¿De Jordi?
- Si, Jordi. No sé que quería. La última vez que llamó fue hace un momento, le dije que estabas durmiendo. Me dijo que le llamases, que tenía que hablar contigo.
Hice lo que Zaida me había dicho, le llamé, después de leer los dos millones de mensajes que me había escrito pidiéndome perdón por todo lo de ayer. Quedamos en vernos en una hora para intentar aclarar las cosas y tan puntual como siempre vino a recogerme. Paseamos tranquilamente, aunque nerviosos, sin saber que decir, hasta que no pude mas y tuve que romper el hielo.
- Jordi, me encanta pasear por Barcelona, pero creo que no hemos quedado para esto. ¿Qué te pasa? Llevas todo el camino calladísimo.
- Es que no sé como decirtelo.
- ¿El qué? -intrigada me sentaba en un banco mientras el hacía lo mismo.
- Lo primero de todo, perdón. Perdón por como estuve ayer. Parece mentira que fuese yo el que quisiera que cenásemos juntos.
- Pues sí. Yo me llegué a sentir un poco incómoda. Veía a Zai y Sergio tan bien que te miraba y me quitabas la mirada y no entendía nada.
- Ya lo sé, por eso lo siento. Me sentí super estúpido cuando llegué a casa y me di cuenta de como había estado contigo. No sé que me pasó de verdad. -decía mirando al suelo con la mirada triste.
- Jordi... ¿Qué te pasa? ¿Por qué te pones así? -me parecía extraño verle tan decaído.
- ¡Porque me gustas!
- ¿Que qué? -dije sorprendida.
- Pues eso, que me gustas. No creas que le pido una cena a cualquiera... -se hizo el silencio. Parecia que había pasado un ángel -Di algo, no te quedes callada...
- No sé que decirte, Jordi. Me has sorprendido. No me esperaba que me dijeses algo así.
- ¿Y de qué modo te ha sorprendido? ¿Para bien o para mal?
- No sé, supongo que para bien.
- No tenía que haberte dicho nada.... -se resignaba.
Después de aquella confesión todo se enfrió bastante. Yo no sabía si sentía algo por él y probablemente mal por mi parte, me aparté un poco de todo lo que tenía que ver con Jordi. Zaida seguía viendo a Sergio, habían conectado muy bien y no había pasado nada, pero tenía una muy pero muy buena relación, parecía que se conocían de toda la vida, y cada vez que estaba con Sergio me decía que Jordi preguntaba por mi y que tenía ganas de verme, pero no sabía muy bien que era lo que me pasaba que no tenía fuerzas para verle. Aún así, sabía que algún día tendría que darle una explicación por todo.
El lunes Zaida se fue a ver a Sergio después del entrenamiento, comerían juntos, asíque me quedé sola en casa. A eso de las dos de la tarde, mientras me preparaba algo para comer, sonó la puerte. Extrañada, no esperaba a nadie, fuí a abrir.
- ¿Qué haces aquí? -decía sorprendida al ver a Jordi al otro lado de la puerta.
- Yo también me alegro de verte.
- Mira que eres bobo.. Pasa anda. -entró y después de un largo silencio, conseguí pedirle perdón. -Lo siento. Lo siento por como he reaccionado después de que me dijeses aquello. Lo siento por no volver a llamarte y por no dar señales de vida, pero no he sabido hacerlo de otra forma. Quizá no ha sido la mejor manera, pero sólo he sabido hacerlo así.
- Si era lo que necesitabas para pensar o para recapacitar, me daba igual esperar el tiempo que hiciese falta. No cambio de opinión con tanta facilidad. Sigo pensando igual y sintiendo lo mismo que el otro día Iria.
- Yo estos días me he dado cuenta de una cosa.
- Sorpréndeme.
- Sentía que te echaba de menos. Que necesitaba verte, estar contigo... No sé. Era extraño que la cabeza me dijese hacer una cosa y el corazón otra.
- Eso es buena señal.
- Me he dado cuenta que también siento algo por ti, pero no sé hasta que punto. Necesito un poco de tiempo para conocerte, saber que quieres, porque yo, si realmente siento algo fuerte por ti. Entiéndeme Jordi, sin conocerte de nada no puedo saber que siento.
- Esperaré y te enamoraré -decía risueño.
- Tonto... -y le empujaba. -Gracias.
Se fue y todo volvió a la normalidad entre nosotros. Volvía a ir con Zaida a esperarles a la salida del entreno, volvíamos a irnos de locuras juntos.. Ahora todo era incluso mejor, pues Jordi se tomó al pie de la letra sus palabras de que iba a enamorarme y aunque las dijo en broma, creo que pocas veces ha dicho algo con tanta seguridad. Poco a poco lo estaba consiguiendo, pero para mi aún era demasiado pronto para decirle nada. Hasta que un día me di cuenta por una tontería que sentía mucho mas de lo que creía.
En las pocas semanas que tuvieron de vacaciones, una noche salimos de fiesta tranquilamente, Sergio, Jordi, Zaida y yo con varios amigos de los cuatro. Estando en uno de los garitos a los que entramos, Jordi estuvo hablando con una chica a la que parecía conocer, por la cercanía que había entre los dos; que si ahora te abrazo, que si luego te toco el pelo, que si la manita por la cintura... Mil gestos que inexplicablemente me estaban poniendo celosa e hicieron que me amargara la noche.
- Me voy a casa -le decia a Zaida.
- ¿Por qué? Estamos pasándolo bien.
- Estoy cansada y mañana tengo que madrugar, me toca trabajar...
- Venga Iria, quédate...
- No, de verdad. Quédate tu con ellos, yo vuelvo sola.
- No, no, yo vuelvo contigo. Pero esperate que voy a avisar a los demás de que nos vamos.
- Te espero aquí.
Zaida se acercó a los chicos para decirles que nos íbamos, mientras yo esperaba apoyada en la puerta y en ese transcurso de tiempo, Jordi se acercó.
- Pequeña, ¿por qué te vas?
- Porque estoy cansada. -dije en tono cortante.
- Ey ey ey, ¿qué te pasa?
- Nada, Jordi. Sólo estoy cansada.
- ¿Se puede saber a que viene tanta borderia? No entiendo nada.
- Yo tampoco entiendo tanta tontería con ciertas personas y luego me vengas comiendo la oreja a mi.
- Vaya... Ya lo entiendo todo. Estás celosa porque estuviese hablando con Marta.
- Déjalo Jordi, déjalo. Es lo mejor. Olvida todo, ¿vale?
- Estupendo -decía enfadado. -Mira Iria, no es lo que crees, pero si es lo que quieres adelante. Eso sí, antes de ponerte como una furia deberías de preguntar, porque Marta es mi hermana. -sentenció mientras volvía con los demás.
viernes, 3 de mayo de 2013
Capítulo 1. SDUD2.
¿Se puede saber que hacen al otro lado de la puerta Jordi y Sergio? ¿En qué momento de la noche les dijimos en que hotel estábamos? ¿Qué está pasando aquí? Me había quedado en estado de shock.
- Eh.... Reacciona -decía Jordi dándome una palmadita en la cara.
- ¿No nos vas a dejar entrar? -reía Sergio.
- No. Estas pintas no están permitidas para que ciertas personas las vean.
- Va, pero si estás perfecta.
- Chicos son las 9 de la mañana, nos acostamos a las 6. ¡Tenemos sueño!
- No pasa nada. Ahora os despejáis.
- Esperadnos en la cafetería. Tardamos 10 minutos.
Cerré y fui corriendo a despertar a Zaida. No me hacía caso. Tenia el sueño demasiado profundo, hasta que la grité en el oído que Jordi y Sergio estaban aquí. Se despertó de golpe, como si hubiera tenido una pesadilla.
Nos pusimos lo mas decentes que pudimos teniendo en cuenta el sueño y la resaca que teníamos y bajamos. Allí estaban, esperándonos. Por mas vueltas que le dábamos, no lográbamos encontrarle una explicación lógica de como nos habían encontrado.
- ¿Nos espíais? -soltó ni corta ni perezosa Zaida.
- ¿Nosotros? ¿Por qué tendríamos que hacerlo? -decía Jordi sorprendido.
- No sé. Os presentáis a las 9 de la mañana en la puerta de nuestra habitación, después de habernos visto de lejos y mal en una discoteca. -ella y su mal humor mañanero.
- Oye, si te molestamos nos vamos. -decía Sergio levantándose. -Sólo nos apeteció volver a veros y ha dado la casualidad de que estamos en el mismo hotel.
- Os vimos llegar esta mañana. -añadía Jordi.
Después de aquel pequeño cruce de borderías, conseguimos mantener una conversación cuanto menos extraña, pues según avanzaba la mañana, bajaban mas jugadores y nos sentíamos como fuera de lugar. Ellos trataban de sacarnos conversación, de hablar con nosotras, pero entre Zaida y sus borderías y yo y mis vergüenzas, no había quien cruzase tres palabras con sentido.
Cuando nos quisimos dar cuenta eran las 11:30. A las 12 salía nuestro tren. O nos dábamos prisa o nos quedaríamos en tierra, asíque nos despedimos lo mas rápido que pudimos de Jordi y Sergio y salimos volando a la habitación para recoger nuestras cosas y llegar a la estación. Una vez en el tren me di cuenta de lo estúpidas que habíamos sido y recordé que la noche anterior la camarera del New Garamond nos había dado unos papelitos en los que antes de quedarnos dormidas vimos que eran sus teléfonos, asíque cogí mi bolso, busqué el número de Jordi y le escribí para pedirle disculpas por todo; "Lo siento por todo lo de hoy. Por las borderias, por no saber reaccionar. Habéis debido de pensar que somos estúpidas como poco, pero te prometo que no somos así, de verdad. Espero que en Barcelona nos podamos volver a ver. Unbeso. Iria.". Guardé mi móvil en el bolso y me quedé dormida hasta que llegamos.
Una vez en Barcelona y llegamos a casa, puse a cargar el movil y al encenderlo vi que Jordi me había contestado.
"No seas boba, yo no he pensado que seas estúpida ni nada, todo lo contrarío, me ha encantado estar ese ratito contigo y con Zaida. Dentro de dos días es mi presentación en el club, veniros y después os llevo a tomar algo. J".
Zaida no estaba muy por la labor de ir, pero al final logré convencerla y estuvimos en la presentación. Estuvimos casi mas rato esperando a que saliese que lo que realmente estuvo él en el campo, pero algo bueno tenía que tener haber estado tanto rato esperando; nos cayó uno de los balones que lanzó a la afición al acabar. Teníamos que hacer la gracia. Le esperamos a que saliese y con permanente en mano, nos acercamos a él.
- Jordi ¿nos lo firmas? -dijimos al unísono.
- Por supuesto -dijo soltando una carcajada al vernos. -¿Te lo dedico también?
- ¡Claro! -sonreí.
- Mira que eres boba -me susurraba al oído mientras me devolvía el balón dedicado. -Pero mira que me encantas. -y siguió firmando a las personas que habían ido hasta allí para verle.
Había bastante gente y Zaida estaba insoportable, asíque por no escucharla mas, acepté a volver a casa. Cuando nos disponíamos a irnos, alguien me cogió del brazo.
- ¿Ya te ibas sin despedirte? -sonreía.
- Zai, que está cansada y no sabe esperar.
- Quédate tu conmigo.
- No puedo...
- Si puedes...
- No, no puedo. Como la diga que se vaya sola se enfadará...
- ¿Hacemos un trato?
- Venga vale.
- Yo dejo que te vayas ahora con tu amiga, si esta noche cenas conmigo.
- ¿Sólos?
- Si. Aunque si lo prefieres le digo a Sergio que se venga y traes a Zaida, pero me gustaría que estuvieramos los dos solos.
- Otro trato.
- ¿Cual? -decía con cara de pillín.
- Esta noche cenamos los cuatro y depende de como me sorprendas, accederé otro día a cenar contigo a solas.
- ¡Echo!
Habíamos quedado a las nueve, ellos mismos pasarían a recogernos. Eran las ocho y aún no estábamos preparadas. Siempre el mismo dilema; ¡qué me pongo! Y cuando lo decides, los zapatos no te pegan con la camiseta y te cambias veinte veces. Al final acabas con lo primero que te habías puesto. Vestidito fresquito color beige, Zaida azul, unos buenos tacones en negro, ella blancos, un poquito de maquillaje y perfectas para nuestra cita.
A las nueve en punto estaban llamando al timbre. Menudo cambio. De verles con la ropa del equipo a verles bien arregladitos.
Nos llevaron a un restaurante del centro. Muy bonito. Muy caro. Se lo curraron mucho. Pasamos una gran noche los cuatro juntos. Zaida y Sergio se entendieron demasiado bien, incluso mas de lo que ella se había imaginado, siempre la cuesta mucho conectar tanto con una persona y mas si es un chico. De ahí podía salir algo bonito. En cambio entre Jordi y yo, todo lo que parecía haber, en aquella cena fue como que se desvaneció, como si nunca hubiera existido. A pesar de todo, nos hicieron pasar una buena noche.
Nos acercaron a casa y lo mismo. Las miradas entre Sergio y Zaida eran de esas especiales. Jordi simplemente se acercó, no dijo nada y me dio dos besos.
¿Qué le había pasado a Jordi para cambiase de la noche a la mañana? Él había sido el que me había pedido que cenase con él. No entendía absolutamente nada....
- Eh.... Reacciona -decía Jordi dándome una palmadita en la cara.
- ¿No nos vas a dejar entrar? -reía Sergio.
- No. Estas pintas no están permitidas para que ciertas personas las vean.
- Va, pero si estás perfecta.
- Chicos son las 9 de la mañana, nos acostamos a las 6. ¡Tenemos sueño!
- No pasa nada. Ahora os despejáis.
- Esperadnos en la cafetería. Tardamos 10 minutos.
Cerré y fui corriendo a despertar a Zaida. No me hacía caso. Tenia el sueño demasiado profundo, hasta que la grité en el oído que Jordi y Sergio estaban aquí. Se despertó de golpe, como si hubiera tenido una pesadilla.
Nos pusimos lo mas decentes que pudimos teniendo en cuenta el sueño y la resaca que teníamos y bajamos. Allí estaban, esperándonos. Por mas vueltas que le dábamos, no lográbamos encontrarle una explicación lógica de como nos habían encontrado.
- ¿Nos espíais? -soltó ni corta ni perezosa Zaida.
- ¿Nosotros? ¿Por qué tendríamos que hacerlo? -decía Jordi sorprendido.
- No sé. Os presentáis a las 9 de la mañana en la puerta de nuestra habitación, después de habernos visto de lejos y mal en una discoteca. -ella y su mal humor mañanero.
- Oye, si te molestamos nos vamos. -decía Sergio levantándose. -Sólo nos apeteció volver a veros y ha dado la casualidad de que estamos en el mismo hotel.
- Os vimos llegar esta mañana. -añadía Jordi.
Después de aquel pequeño cruce de borderías, conseguimos mantener una conversación cuanto menos extraña, pues según avanzaba la mañana, bajaban mas jugadores y nos sentíamos como fuera de lugar. Ellos trataban de sacarnos conversación, de hablar con nosotras, pero entre Zaida y sus borderías y yo y mis vergüenzas, no había quien cruzase tres palabras con sentido.
Cuando nos quisimos dar cuenta eran las 11:30. A las 12 salía nuestro tren. O nos dábamos prisa o nos quedaríamos en tierra, asíque nos despedimos lo mas rápido que pudimos de Jordi y Sergio y salimos volando a la habitación para recoger nuestras cosas y llegar a la estación. Una vez en el tren me di cuenta de lo estúpidas que habíamos sido y recordé que la noche anterior la camarera del New Garamond nos había dado unos papelitos en los que antes de quedarnos dormidas vimos que eran sus teléfonos, asíque cogí mi bolso, busqué el número de Jordi y le escribí para pedirle disculpas por todo; "Lo siento por todo lo de hoy. Por las borderias, por no saber reaccionar. Habéis debido de pensar que somos estúpidas como poco, pero te prometo que no somos así, de verdad. Espero que en Barcelona nos podamos volver a ver. Unbeso. Iria.". Guardé mi móvil en el bolso y me quedé dormida hasta que llegamos.
Una vez en Barcelona y llegamos a casa, puse a cargar el movil y al encenderlo vi que Jordi me había contestado.
"No seas boba, yo no he pensado que seas estúpida ni nada, todo lo contrarío, me ha encantado estar ese ratito contigo y con Zaida. Dentro de dos días es mi presentación en el club, veniros y después os llevo a tomar algo. J".
Zaida no estaba muy por la labor de ir, pero al final logré convencerla y estuvimos en la presentación. Estuvimos casi mas rato esperando a que saliese que lo que realmente estuvo él en el campo, pero algo bueno tenía que tener haber estado tanto rato esperando; nos cayó uno de los balones que lanzó a la afición al acabar. Teníamos que hacer la gracia. Le esperamos a que saliese y con permanente en mano, nos acercamos a él.
- Jordi ¿nos lo firmas? -dijimos al unísono.
- Por supuesto -dijo soltando una carcajada al vernos. -¿Te lo dedico también?
- ¡Claro! -sonreí.
- Mira que eres boba -me susurraba al oído mientras me devolvía el balón dedicado. -Pero mira que me encantas. -y siguió firmando a las personas que habían ido hasta allí para verle.
Había bastante gente y Zaida estaba insoportable, asíque por no escucharla mas, acepté a volver a casa. Cuando nos disponíamos a irnos, alguien me cogió del brazo.
- ¿Ya te ibas sin despedirte? -sonreía.
- Zai, que está cansada y no sabe esperar.
- Quédate tu conmigo.
- No puedo...
- Si puedes...
- No, no puedo. Como la diga que se vaya sola se enfadará...
- ¿Hacemos un trato?
- Venga vale.
- Yo dejo que te vayas ahora con tu amiga, si esta noche cenas conmigo.
- ¿Sólos?
- Si. Aunque si lo prefieres le digo a Sergio que se venga y traes a Zaida, pero me gustaría que estuvieramos los dos solos.
- Otro trato.
- ¿Cual? -decía con cara de pillín.
- Esta noche cenamos los cuatro y depende de como me sorprendas, accederé otro día a cenar contigo a solas.
- ¡Echo!
Habíamos quedado a las nueve, ellos mismos pasarían a recogernos. Eran las ocho y aún no estábamos preparadas. Siempre el mismo dilema; ¡qué me pongo! Y cuando lo decides, los zapatos no te pegan con la camiseta y te cambias veinte veces. Al final acabas con lo primero que te habías puesto. Vestidito fresquito color beige, Zaida azul, unos buenos tacones en negro, ella blancos, un poquito de maquillaje y perfectas para nuestra cita.
A las nueve en punto estaban llamando al timbre. Menudo cambio. De verles con la ropa del equipo a verles bien arregladitos.
Nos llevaron a un restaurante del centro. Muy bonito. Muy caro. Se lo curraron mucho. Pasamos una gran noche los cuatro juntos. Zaida y Sergio se entendieron demasiado bien, incluso mas de lo que ella se había imaginado, siempre la cuesta mucho conectar tanto con una persona y mas si es un chico. De ahí podía salir algo bonito. En cambio entre Jordi y yo, todo lo que parecía haber, en aquella cena fue como que se desvaneció, como si nunca hubiera existido. A pesar de todo, nos hicieron pasar una buena noche.
Nos acercaron a casa y lo mismo. Las miradas entre Sergio y Zaida eran de esas especiales. Jordi simplemente se acercó, no dijo nada y me dio dos besos.
¿Qué le había pasado a Jordi para cambiase de la noche a la mañana? Él había sido el que me había pedido que cenase con él. No entendía absolutamente nada....
jueves, 2 de mayo de 2013
¡CAMBIOS!
Cómo véis he vuelto a escribir un prólogo distinto. Esto se debe a que no me acababa de convencer la historia que acababa de empezar. Pregunté por twitter cual de las dos seguía y la mayoría de la gente se decantó porque siguiese el nuevo prólogo aunque también hubo personas que me dijeron que querían que siguiese la de Álvaro.
He llegado a una conclusión;
Empezaré la de la Selección, pues la de Álvaro estaba estancadísima, no sabía como seguirla y ni me convencía a mi ni creo que os enganchase a vosotros, era todo muy igual siempre, pero no la borraré, los capítulos que ya estaban subidos ahora no los podéis ver, pero están guardados para seguir escribiendo y mejorarla y en un tiempo subirla.
Espero acabar esta nueva novela de la Selección y que os enganche tanto o mas como la primera :)).
¡Unbeso!
He llegado a una conclusión;
Empezaré la de la Selección, pues la de Álvaro estaba estancadísima, no sabía como seguirla y ni me convencía a mi ni creo que os enganchase a vosotros, era todo muy igual siempre, pero no la borraré, los capítulos que ya estaban subidos ahora no los podéis ver, pero están guardados para seguir escribiendo y mejorarla y en un tiempo subirla.
Espero acabar esta nueva novela de la Selección y que os enganche tanto o mas como la primera :)).
¡Unbeso!
Prólogo. SDUD2.
2 de Julio de 2012. Ayer ganamos la Eurocopa. Hoy tocaba celebrarlo y celebración por todo lo alto. Zaida y yo habíamos hecho un viaje relámpago a Madrid para poder estar por Cibeles con los jugadores y después disfrutar de la noche madrileña. Al día siguiente volveríamos a Barcelona. Sólo cogimos una noche de hotel y mas que para dormir, para poder dejar las pocas cosas que habíamos traido y no tener que cargar con ellas durante todo el día. El hotel estaba muy cerquita de Cibeles así que nada mas llegar por la mañana, comimos y rápidamete nos bajamos para estar cerquita del escenario y poder verles bien.
Julio. Madrid. Un calor abrasador. Había momentos en los que eso llegaba a ser absolutamente insoportable. Aún así mereció la pena.
La celebración fue una pasada. Era increíble ver como todo el mundo, daba el igual el equipo al que normalmente apoyasen, estaba unido. Nunca había vivido algo así y fue una experiencia inolvidable. Y seguramenete para ellos también fue algo que no olvidarán nunca, aunque la moña que llevaba mas de uno era digna de hacerte olvidar.
Se acabó la celebración y después de 2 horas intentando salir de aquel bullicio, conseguimos llegar al hotel, ducharnos, cambiarnos, cenar algo y salir de fiesta. Una vez fuera no sabíamos donde ir, no conocíamos apenas la zona, asíque acabamos en una discoteca cerca de la zona, New Garamond. Después de un rato allí, bailando y disfrutando de la noche, nos dimos cuenta de algo.
- Iria, mira todo lo disimuladamente que puedas a tu derecha. -me gritaba Zaida al oído.
- ¿Qué hay? -dije intrigada.
- Tu mira y me dices.
- ¿Son......? -mirando sorprendida hacía donde mi amiga me había indicado.
- Sí, nena, sí. Estamos en la misma discoteca que la Selección Española.
Aunque tratamos de hacer que no pasaba nada, había momentos que era imposible, los ojos se iban hacia ellos. En un miro pero no, crucé un par de miradas con Jordi Alba y aunque Zai dijese lo contrario a Busquets se le iban los ojos hacia ella. A pesar de los intercambios de miradas que hubo, en ningún momento nos acercamos, pero sí que a mitad de la noche la camarera se acercó a nosotras con dos copas.
- Pero si nosotras no hemos pedido nada... -decía Zaida mirándome extrañada.
- Lo sé, -sonreía la camarera -son de parte de aquellos chicos. -señalándolos.
- ¿Cómo?
- Si si. Los dos de la derecha -señalando a Jordi y Sergio -han sido los que nos han dicho que os trajésemos las copas.
Nos bebimos las copas a su salud, pero no entendíamos nada, pues al poco rato se fueron y ni nos miraron. No le dimos demasiada importancia, simplemente verían que les observábamos y nos invitaron a la copa por hacer la gracia. A eso de las cinco de la madrugada, decidimos irnos, a las 12 salía nuestro tren y queríamos dormir un poco, pero cuando ya casi salíamos por la puerta, la misma camarera que nos había traído las copas se acercó a nosotras y nos dio dos papelitos.
- Esto lo han dejado los mismos chicos que os invitaron a las copas. -dijo entregándonos a cada una un papel perfectamente doblado.
- ¿Qué es? -dije sorprendida.
- No dijeron que era, simplemente nos dijeron que antes de que os marchaséis os lo diéramos.
Guardamos los papelitos en el bolso, los abriríamos cuando llegásemos al hotel, pero estábamos tan cansadas que caímos en la cama nada mas llegar y nos dormimos al instante.
Me desperté antes de lo que teníamos previsto. No paraban de dar golpes en la puerta. Me levanté y con unas pintas de llevas tres días sin pasar por la ducha, abrí la puerta. Casi me caigo de culo cuando vi quien había sido el que casi tira la puerta abajo.
Julio. Madrid. Un calor abrasador. Había momentos en los que eso llegaba a ser absolutamente insoportable. Aún así mereció la pena.
La celebración fue una pasada. Era increíble ver como todo el mundo, daba el igual el equipo al que normalmente apoyasen, estaba unido. Nunca había vivido algo así y fue una experiencia inolvidable. Y seguramenete para ellos también fue algo que no olvidarán nunca, aunque la moña que llevaba mas de uno era digna de hacerte olvidar.
Se acabó la celebración y después de 2 horas intentando salir de aquel bullicio, conseguimos llegar al hotel, ducharnos, cambiarnos, cenar algo y salir de fiesta. Una vez fuera no sabíamos donde ir, no conocíamos apenas la zona, asíque acabamos en una discoteca cerca de la zona, New Garamond. Después de un rato allí, bailando y disfrutando de la noche, nos dimos cuenta de algo.
- Iria, mira todo lo disimuladamente que puedas a tu derecha. -me gritaba Zaida al oído.
- ¿Qué hay? -dije intrigada.
- Tu mira y me dices.
- ¿Son......? -mirando sorprendida hacía donde mi amiga me había indicado.
- Sí, nena, sí. Estamos en la misma discoteca que la Selección Española.
Aunque tratamos de hacer que no pasaba nada, había momentos que era imposible, los ojos se iban hacia ellos. En un miro pero no, crucé un par de miradas con Jordi Alba y aunque Zai dijese lo contrario a Busquets se le iban los ojos hacia ella. A pesar de los intercambios de miradas que hubo, en ningún momento nos acercamos, pero sí que a mitad de la noche la camarera se acercó a nosotras con dos copas.
- Pero si nosotras no hemos pedido nada... -decía Zaida mirándome extrañada.
- Lo sé, -sonreía la camarera -son de parte de aquellos chicos. -señalándolos.
- ¿Cómo?
- Si si. Los dos de la derecha -señalando a Jordi y Sergio -han sido los que nos han dicho que os trajésemos las copas.
Nos bebimos las copas a su salud, pero no entendíamos nada, pues al poco rato se fueron y ni nos miraron. No le dimos demasiada importancia, simplemente verían que les observábamos y nos invitaron a la copa por hacer la gracia. A eso de las cinco de la madrugada, decidimos irnos, a las 12 salía nuestro tren y queríamos dormir un poco, pero cuando ya casi salíamos por la puerta, la misma camarera que nos había traído las copas se acercó a nosotras y nos dio dos papelitos.
- Esto lo han dejado los mismos chicos que os invitaron a las copas. -dijo entregándonos a cada una un papel perfectamente doblado.
- ¿Qué es? -dije sorprendida.
- No dijeron que era, simplemente nos dijeron que antes de que os marchaséis os lo diéramos.
Guardamos los papelitos en el bolso, los abriríamos cuando llegásemos al hotel, pero estábamos tan cansadas que caímos en la cama nada mas llegar y nos dormimos al instante.
Me desperté antes de lo que teníamos previsto. No paraban de dar golpes en la puerta. Me levanté y con unas pintas de llevas tres días sin pasar por la ducha, abrí la puerta. Casi me caigo de culo cuando vi quien había sido el que casi tira la puerta abajo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)