- Hola princesa -me decía Mario mientras me sujetaba por la cintura.
- ¡Suéltame! -grité, lo que hizo que Jordi se diese cuenta que estaba allí.
- ¿Ya no te gusta que te abracen o qué?
- No me gusta que me abraces tú. Sueltame Mario.
- ¿Estás bien Iria? -decía Jordi acercándose mientras Mario me soltaba.
- Si, tranquilo, Mario ya se iba.
- No, princesa, acabo de llegar.
- ¿Princesa? ¿Se puede saber quien es este nena?
- ¿Y este que es tu nuevo fichaje? Apuntas alto. ¿Cuánto vas a tardar en joderle?
- Mario, vete.
- Mira chaval, o te vas o... -se acercaba Jordi a Mario.
- ¿O qué?
- Jordi para por favor... -intenté apartarle.
- Venga o que. Ten huevos. -decía Mario acercándose aún mas.
- ¡Ya! -conseguí interponerme entre los dos y llevarme a Jordi. -Vámonos por favor.
- Ni se te ocurra volver a acercarte a ella.
Mario había sido un chico con el que estuve haría al menos un año y fueron seis meses, pero probablemente de esos seis, cuatro fueron los peores de mi vida. Al principio como todo, la cosa era perfecta y maravillosa, pero según iba avanzando la relación empezó a salir el Mario de verdad, el que yo no había conocido y de haber sido así no me hubiera enamorado jamás. Me controlaba todo, absolutamente todo lo que hacía; donde iba, con quien, porque... Era celoso, pero de los enfermizos. No me prohibía nada de primeras, pero después teníamos grandes broncas. Los insultos eran el principio de todo. Nunca llegó a ponerme la mano encima, pero sinceramente creo que en alguna ocasión le falto bien poco. Zaida sabía toda la historia y sobre todo ella fue quien me ayudó a separarme de él. Hacía muchísimo que no sabíamos de él y ahora que había conocido a Jordi y trataba de rehacer mi vida, volvía a aparecer a joder lo que hubiese. Tenía el don del oportunismo.
Nada mas irse Mario no pude evitar llorar, lo cual preocupó bastante a Jordi. No sabía como contarle todo esto y él no sabía como preguntarme sin que me sintiera incómoda. Me calmé, pero no pude contarle nada, no quería que se asustara o que hicese algo de lo que después se pudiese arrepentir. Esa noche decidició que dormiría en su casa, no quería dejarme sola y teniendo en cuenta que Sergio seguía con Zaida en casa, no pude evitar aceptar su invitación.
Llegamos a casa de Jordi y me llevó directamente a la cama. Estaba agotada después de todo lo que acababa de pasar, a pesar de que habían sido a penas diez minutos; Mario agotaba todas mis fuerzas. Agradecí que no me volviese a preguntar sobre quien era él, se lo contaría pero ese momento probablemente no fuese el mas indicado. Me tumbé en la cama y me quedé dormida en el momento.
Cuando me desperté a la mañana siguiente Jordi no estaba, asíque sali a buscarle. Estaba en la cocina preparando el desayuno.
- Buenos días -le decía abrazándole por la espalda.
- Buenos días pequeña. -besándome. -¿Cómo has dormido?
- Muy bien, como un angelito.
- Así me gusta -y sonreía con esa sonrisa de medio lado que tan loca me volvía.
- Creo que te debo un explicación por todo lo de ayer...
- Si no quieres sabes que no hace falta.
- Lo sé, pero después de todo te mereces saberlo todo.
Le conté como pude, pues cuando hablaba del tema me ponía demasiado nerviosa, quien era Mario, que había pasado con él y todo lo que habíamos vivido juntos. Según iba avanzando, la cara de Jordi cambiaba y a peor. No sabía que decirme, pero sabía que si tuviera a Mario delante, caricias precisamente no le haría. No dijo nada, sólo se acercó a mi y me abrazó. Me abrazó fuerte. Un abrazo de esos que hacen que te sientas protegida, sin necesidad de tener ningún miedo.
A regañadientes me llevó a casa con Zai, Sergio ya se había ido, asíque tenía via libre. Jordi no quería que me quedara allí, Mario sabía donde vivia, pero no podía estar con miedo de si iba o no a aparecer, tendría que tratar de hacer mi vida.
Cuando llegué Zaida no estaba, había ido a comprar unas cosas, asíque mientras tanto me di una ducha. Salí, me vestí y empecé a preparar la comida para que cuando ella llegase estuviese todo preparado. Como siempre, en casa en tradición cocinar con la música a todo volumen, "y bañate en mis ojos que se joda el mar..." y cantar mas alto aún. Sonó la puerta y pensé que sería Zaida asíque tranquilamente fui a abrir la puerta, iría demasiado cargada para poder sacar las llaves.
Para mi sorpresa no era Zaida. Era Mario. Me esta entrando miedo.
- ¿Qué haces aquí?
- ¿No te alegras de volver a verme?
- No. Vete.
- Que borde te estás volviendo, ya no dejas pasar a los viejos buenos amigos.
- Tu no eres ni amigo ni bueno, vete Mario.
Su fuerza doblaba la mía asique con un pequeño empujón consiguió apartarme de la puerta y pasar él. No sabía que quería, pero su actitud no me gustaba nada. Estaba como cuando discutíamos. Quería llamar a Jordi y que viniese pero no lo podía hacer con él delante. Gracias a Dios, Zaida vino al segundo y al ver aquel percal, le escribió ella. Dos minutos después, Jordi estaba en casa y de muy mal humor, tanto que cuando llegó y vi sus intenciones traté de pararle y las borderias me las tragué yo.
- ¿No te cansas de joder a la gente? -le decía Jordi encarándose a él. -¿No te dije ayer que no te acercases a ella mas?
- Ay nene... Ahí donde ves a tu querida novia, es mas zorra que ninguna.
- Ni me llames nene, ni la insultes a ella o tendremos mas que palabras.
- ¿Tu te crees que por qué seas un futbolista famoso me voy a cortar a la hora de partirte la cara?
- Ni yo por ser un futbolista famoso voy a cortarme a la hora de reventarte la tuya.
- Jordi por favor... -sollozaba intentando meterme entre medias. -Coge y sácale de aquí, pero no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.
- Si prefieres que te pegue a ti, me voy.
- Jordi, no seas gilipollas -le decía Zaida. -No te metas en lios con este tio.
- Dejadle en paz. Dejad que me pegue si quiere.
Acto seguido, Jordi sin dejarle hablar ni un solo minuto mas, le dio un puñetado en la cara el cual este le devolvió por tres. No podía parar de llorar. Jordi tirado en el suelo, sangrando y Mario dándole patadas y gritando que yo tendría que volver con él, mientras Zaida trataba de pararle. Como pude conseguí coger el teléfono, llamar a la policia y a Sergio para que viniera a ayudarme. Los dos llegaron en seguida. Sergio se ocupó de calmarme y la policia junto con la ambulancia y Zaida se llevaban a Mario detenido y a Jordi al hospital. Esto era aún peor que la pesadilla mas terrorífica que alguien se pueda imaginar.
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