Sergio me llevó en su coche al hospital. Cuando llegamos Jordi ya estaba dentro, así que no pude verle hasta pasado un buen rato. No aguantaba los nervios, me iba a dar un ataque de ansiedad, necesitaba verle o al menos que alguien saliese y me dijese que estaba bien. Al cabo de un rato, salió un médico.
- Tranquilizate. Jordi está bien. Tiene un pequeño traumatismo y un par de costillas rotas por culpa de los golpes que recibió, pero está consciente y bien.
- ¿Podemos pasar a verle? -preguntaba Sergio.
- Si, por supuesto. Pero no le alteréis demasiado, tiene que descansar.
El médico nos acompañó a la habitación y allí estaba Zaida. Jordi se había quedado dormido por los calmantes para el dolor que le habían dado. Ella se quedo conmigo esa noche, no quería dejarme sola y yo no quería irme de allí. No podía dormir y Zaida se había dormido hacía horas ya. Serían mas de las cuatro de la madrugada, cuando estaba apoyada en la ventana de la habitación y me asustó.
- Iri, ¿qué haces ahí? -decía como podía.
- Jordi... -me acercaba corriendo a abrazarle. -Lo siento...
- No pequeña, no...
- Todo es por mi culpa.
- Amor, escúchame. Esto no es por tu culpa. Esto es culpa de un gilipollas que creía que estabas sola y que no había nadie para defenderte como antes.
- Si, pero si este es el precio que hay que pagar porque me defienda alguien de Mario, me niego.
- Mira que eres boba.
- No soy boba Jordi -decía tratando de contener las lágrimas -Esto no era lo que yo quería. Odio las peleas y mas cuando a la persona que están pegando a alguien a quien quiero. -rompí a llorar.
- ¿Estoy bien no? Iria, me niego a que nadie te ponga la mano encima.
- No Jordi, no.... -conseguí decir.
- Ven anda... -me decía alzando los brazos para que me acercase y me abrazase. -No te preocupes mas, no me gusta verte así. Olvídalo, ¿vale?
Aún estuvo una semana mas en el hospital y cuando le dieron el alta, tuvo lo menos un mes de baja. Todo ese tiempo estuve con él en su casa, ayudándole, tratando que no se moviera mucho por aquello de las costillas rotas... Y aunque parecía que todo iba a ir bien, allí comenzamos a tener muchas discusiones por culpa de tener que estar gran parte del tiempo inmovilizado si no quería que la lesión se agravara y alargara mas. Había momento que estaba demasiado irascible y a pesar de tener paciencia, demasiada, un día llegué a mi límite y exploté.
- ¿Pero quieres dejarme hacer algo? -decía enfadado.
- Mira, solo intento hacerte la recuperación lo mas fácil posible, pero así es imposible.
- Yo no te he pedido que me ayudes.
- Ah, perfecto. No te preocupes que no te voy a molestar mas. Perdón por querer ayudarte. -me levanté y cogí mis cosas para largarme de allí.
No vino detrás mio como pensé que iba a hacer lo cual me sentó como una patada en el estómago y me cabreó bastante. Me fui de allí enfadada. No esperaba que reaccionase así y menos cuando trataba de ayudarle porque sabía que haciendo según que movimientos, las costillas aún le dolían.
Llegué a casa y Zaida se sorprendió al verme. La conté y aún se sorprendió mas.
- Mira Zai, lleva desde que salió del hospital así. Haga lo que haga le molesta todo. Hoy ya he explotado.
- Entiéndele cariño, no es gusto de nadie tener que tener siempre a una persona pendiente de ti.
- Vale, pero creo que no me merezco que me diga que no me ha pedido que le ayude. Claro que no me lo ha pedido, pero si que fue él el que me dijo que me fuese a su casa este tiempo y después veríamos, supuse que si iba era para ayudarle, y mas sabiendo que aún tiene dolor y mucho.
Estuve un par de días sin llamarle, sin saber nada de él. Aunque me apetecía ir corriendo a su casa y ayudarle con todo, no lo haría, él fue quien hizo que me fuese. Si no queria ayuda y creía que se valía por si solo, adelante, no sería yo quien le dijese lo contrario. Pero después de tres, cuatro días me llamó.
- Iria, ¿puedes venir a casa? -decía con la voz demasiado apagada.
- ¿Estás bien, Jordi? -me asusté.
- No... ¿puedes venir?
Cuando llegué estaba sentado en el sillón, sin poder moverse a penas, y con la cara descompuesta. Ni siquiera era capaz de levantarse para abrirme la puerta, tuve que abrir con las llaves que me había dado para que pudiese entrar y salir cuando quisiese. Antes de decirle nada, fui a la cocina y cogí el calmante que el médico le había recetado, esos dolores eran dentro de lo que cabe normales y probablemente desde que me había ido no se habría tomado la medicación, por eso que estuviese así.
- Gracias por venir...
- De nada. Tómate esto -dije cortante. -Por cierto, te dejé las llaves que me diste en la cocina.
- Quiero que te las quedes.
- No las voy a necesitar ya.
- Quiero que te quedes aquí conmigo. Siempre.
- ¿Cómo? -me sorprendí.
- Sí... Sé que he estado muy borde contigo todos estos días, que he pagado todo mi mal genio contigo y no te lo merecías porque estabas aquí para ayudarme.. Lo siento.
- ¿Sabes que pasa? Que sólo me has llamado porque no te podías mover y cuando he estado aquí, que estaba porque me lo pediste, lo hacía encantada y lo sabes, pero fuiste tú quien me dijo que me quedase aquí contigo, lo único que hacías era berrearme.
- Ya lo sé Iria, ya lo sé. He sido un gilipollas. No sé de que manera pedirte perdón y hacerte creer que quiero que te quedes aquí conmigo, pero no porque necesite que me ayudes, sino siempre. Quiero que vivamos juntos.
- ¿Vivir juntos? Pero si nos conocemos de hace dos días, como quien dice.
- ¿Y qué? Me gusta estar contigo, no tiene nada de malo querer vivir con mi novia, ¿no?
- Claro que no tiene nada de malo, pero....
- Pero, ¿qué? Si no quieres no tienes mas que decirlo -dijo enfadado.
Y sin darme tiempo a contestar nada, se subió a la habitación. Me sentó muy mal aquella reacción estúpida, asíque dejé las llaves en el salón para que las viese bien y me fui.
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