- Tu hermano se me ha declarado -le decía mirando al techo.
- ¿Qué? -decía adormilado.
- Pues eso, que tu hermano Daniel se me ha declarado.
- ¿Cómo que se ha te declarado?
- Que sí, que me ha dicho que hizo todo esto porque está enamorado de mi.
No fue capaz de articular palabra, solo sonrió, me abrazó muy fuerte y pasados unos minutos me susurró un te quiero.
Al día siguiente ya nos volvíamos a Madrid, Adrián tenía que volver a los entrenamientos. Con su hermano todo era muy frio, tanto por mi parte como por la de Adri. Se despidieron como dos desconocidos, lo cual desconcertó un poco a Daniel, pues pensaba que estaría todo arreglado. Después de aquel viaje a Asturias pasó mucho tiempo hasta que volvimos a saber de él.
El sábado de esa semana tenían partido en el Calderón, Atleti - Celta. Sonia ya tenía una tripita lo bastante considerable como para no poder estar de un lado para otro continuamente, ya la pobre se cansaba con rapidez, lo que tiene estar de casi cinco meses. Tratamos de estar tranquilas, por su bien, pero Adrián hizo que nos levantáramos de golpe. Llevaba un tiempo que le costaba marcar, que le faltaba confianza en si mismo, pero en aquel partido todo aquello se esfumó y marcó un gol, el que le dio la victoria al equipo. Recuerdo su sonrisa, esa especial que sólo él tiene y como buscaba la mía para señalarme y dedicarme el gol.
Después de aquel partido, los cuatro, Sonia, Mario, Adri y yo fuimos a cenar, cortesía del goleador. Pasamos una muy buena noche, en un buen ambiente, en la mejor compañía.
Al volver a casa, me encontré todo decorado, llenito de velas. No entendía nada. Miraba a Adrián y sólo me señalaba con la mirada que siguiese hacia delante. Le hice caso. Toda la casa igual, preciosa, decorada. Al llegar a nuestra habitación, me encontré una caja con una carta encima.
- Primero abre la caja y luego lee la carta -decía.
Hice lo que me dijo. Abri la caja y me encontré con una pulsera que siempre, desde que le conocía llevaba él puesta, y siempre le decía que me encantaba, pero nunca me dejaba a penas tocarla, decía que era su pulsera. Cuando la ví ahí le miré sorprendida y me hizo que leyese la carta.
"Te preguntarás porque todo esto, ¿no? Dentro de muy poco hacemos un año y hemos pasado muy buenos momentos pero también muy malos, pero a pesar de todo, hemos sido capaces de luchar y de seguir adelante juntos. Tenía ganas de agradecerte todo lo que haces por mi, el simple hecho de que estés conmigo. Agradecerte hacerme sentir muchas cosas que pensaba que no existían. Cómo se que te gustaba esa pulsera y tú sabes lo mucho que significa para mi, quiero que la tengas tú, sé que contigo estará segura y probablemente nos una mas aún. Te quiero pequeña enana, te quiero mucho. Adri."
- ¿Pero y todo esto Adri? -le decía besándole.
- Ya lo has leído. Te quiero. -me susurraba al oído. - ¿Te acuerdas de nuestra promesa?
- Claro, amor, claro que me acuerdo, no se me olvida desde que lo prometimos.
- Vamos a hacer una locura. Vamos a prepararlo todo y casémonos.
- ¿Qué? -decía sorprendida.
- Que sí. No estamos preparados, lo sé, pero si fuimos capaces de asimilar que íbamos a tener un crio, ¿por qué no comprometernos del todo?
- ¿Cómo que se ha te declarado?
- Que sí, que me ha dicho que hizo todo esto porque está enamorado de mi.
No fue capaz de articular palabra, solo sonrió, me abrazó muy fuerte y pasados unos minutos me susurró un te quiero.
Al día siguiente ya nos volvíamos a Madrid, Adrián tenía que volver a los entrenamientos. Con su hermano todo era muy frio, tanto por mi parte como por la de Adri. Se despidieron como dos desconocidos, lo cual desconcertó un poco a Daniel, pues pensaba que estaría todo arreglado. Después de aquel viaje a Asturias pasó mucho tiempo hasta que volvimos a saber de él.
El sábado de esa semana tenían partido en el Calderón, Atleti - Celta. Sonia ya tenía una tripita lo bastante considerable como para no poder estar de un lado para otro continuamente, ya la pobre se cansaba con rapidez, lo que tiene estar de casi cinco meses. Tratamos de estar tranquilas, por su bien, pero Adrián hizo que nos levantáramos de golpe. Llevaba un tiempo que le costaba marcar, que le faltaba confianza en si mismo, pero en aquel partido todo aquello se esfumó y marcó un gol, el que le dio la victoria al equipo. Recuerdo su sonrisa, esa especial que sólo él tiene y como buscaba la mía para señalarme y dedicarme el gol.
Después de aquel partido, los cuatro, Sonia, Mario, Adri y yo fuimos a cenar, cortesía del goleador. Pasamos una muy buena noche, en un buen ambiente, en la mejor compañía.
Al volver a casa, me encontré todo decorado, llenito de velas. No entendía nada. Miraba a Adrián y sólo me señalaba con la mirada que siguiese hacia delante. Le hice caso. Toda la casa igual, preciosa, decorada. Al llegar a nuestra habitación, me encontré una caja con una carta encima.
- Primero abre la caja y luego lee la carta -decía.
Hice lo que me dijo. Abri la caja y me encontré con una pulsera que siempre, desde que le conocía llevaba él puesta, y siempre le decía que me encantaba, pero nunca me dejaba a penas tocarla, decía que era su pulsera. Cuando la ví ahí le miré sorprendida y me hizo que leyese la carta.
"Te preguntarás porque todo esto, ¿no? Dentro de muy poco hacemos un año y hemos pasado muy buenos momentos pero también muy malos, pero a pesar de todo, hemos sido capaces de luchar y de seguir adelante juntos. Tenía ganas de agradecerte todo lo que haces por mi, el simple hecho de que estés conmigo. Agradecerte hacerme sentir muchas cosas que pensaba que no existían. Cómo se que te gustaba esa pulsera y tú sabes lo mucho que significa para mi, quiero que la tengas tú, sé que contigo estará segura y probablemente nos una mas aún. Te quiero pequeña enana, te quiero mucho. Adri."
- ¿Pero y todo esto Adri? -le decía besándole.
- Ya lo has leído. Te quiero. -me susurraba al oído. - ¿Te acuerdas de nuestra promesa?
- Claro, amor, claro que me acuerdo, no se me olvida desde que lo prometimos.
- Vamos a hacer una locura. Vamos a prepararlo todo y casémonos.
- ¿Qué? -decía sorprendida.
- Que sí. No estamos preparados, lo sé, pero si fuimos capaces de asimilar que íbamos a tener un crio, ¿por qué no comprometernos del todo?
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