lunes, 4 de marzo de 2013

Capítulo 36.

Fuimos a recoger a Tatiana a la estación y estaba como nunca la había visto. Ella era la alegría personificada y en ese momento su cara expresaba todo lo contrario.
Cuando la vi de lejos, fui corriendo hacia ella para abrazarla.

- ¿Qué ha pasado Tati? -decía asustada.
- Javi... Dice que esto no puede seguir, que lo dejamos. No me ha dado mas explicaciones. -me dijo como pudo entre mil y un sollozos.
- Ven, tranquilizate. Vamos a casa.

Volvimos a casa  y allí logró calmarse un poco, quizá no lo suficiente, pero si como para poder explicarnos que había pasado.

- Fui como cada día a buscarle al entrenamiento y cuando salió Ilie me dijo que Javi se había ido, que pensaba que yo me había ido con él.. Me quedé sorprendida porque no me habia dicho nada, pero aún así me volví a casa pensando que estaría allí. Cuando llegué me sorprendí mas, pues estaba recogiendo sus cosas. [...]

"- ¿A dónde te vas? le dije sorprendida. 
- No lo sé, pero no puedo seguir con esto. 
- ¿Con qué esto? ¿Lo nuestro?
- Si. Quiero que lo dejemos."

[...] - Y sin mas se fue. No me dio ninguna explicación más, acabó de recoger todo y se fue. Cuando decidí venir aquí porque se me venía todo encima, le escribí diciéndole que podía volver a casa, que me venía a Madrid. Supongo que habrá vuelto, pero no sé nada de él, ni siquiera tuvo la decencia de contestarme.
- ¿Y no habíais tenido ninguna movida que fuese la razón de que se largase?
- Te prometo que no Ari... Discutíamos, pero tu has visto alguna vez como, nada fuera de lo normal, por eso me ha sorprendido todo esto.

Tatiana se fue a la cama, pero sabía de sobra que no iba a dormir, simplemente no iba a poder, de hecho en mas de una ocasión la escuché llorar. No sabía como consolarla. Cuando ya estaba tratando de dormirme, escuché como mi móvil sonaba. Era un mensaje.

"Ari, sé que no entiendes porque te estoy escribiendo a ti, pero sé que Tati está contigo y que te habrá contado todo lo que ha pasado. Me ha entrado miedo, mucho miedo. Miedo, porque no quiero enamorarme de nadie. Tatiana es una persona maravillosa, una niña que jamás encontraré, pero no quiero estar con alguien a la que pueda hacer daño, prefiero acabar con esto ahora que no cuando sea demasiado tarde. Pídela perdón de mi parte. Espero que encuentre a alguien mejor que yo, se lo merece. Merece ser feliz. Javi". 

"Perdona que te lo diga, pero eres un gilipollas. ¿Miedo a enamorarte? Javi por favor, que ya somos mayorcitos. Creemé cuando te digo que no has hecho bien dejándola y yéndote de esta forma. Puede que creas que acabando con todo ahora no la hagas daño, pero ¿sabes qué? qué ya es ese demasiado tarde que tu dices y la enamorada era ella. Recapacita. Habla con ella. Trata de pensar si te conviene o si no te conviene enamorarte, no hay nada de malo, de verdad. Ella merece ser feliz y quiere serlo, pero a tu lado. Piénsalo".

Cuando me desperté a la mañana siguiente, Adrián ya no estaba en la cama pero estaba abajo desayunando. Tatiana era otra, se había despertado con otra energía y se había puesto a preparnos algo para comer. No sé que habría pasado esa noche, pero en un par de horas había vuelto a ser mi niña, la de siempre.

- Estoy harta, sé lo que te dijo Javi ayer por la noche y me esperaba cualquier cosa menos "el miedo". ¿Después de un año le aparece? Lo siento, pero si tiene miedo de enamorarse, que no cuente conmigo. Yo ya hice borrón y cuenta nueva.
- ¡Así se habla! Esta es mi Tati. -y la daba un gran abrazo.

Me encantaba verla así y realmente hacía lo correcto, sí él no sabía valorarla ya lo haría otro y desde luego que otro lo haría, mucho antes de lo que imaginábamos.
Ese sábado había partido, Rayo - Atleti. Fuimos con Sonia al partido y allí Tati volvió a ver a Jordi Amat. Eran amigos de hace muchos años, y desde que Jordi se vino a Madrid perdieron un poco el contacto que antes tenían. Recuerdo que viviendo en Barcelona, incluso antes de irme allí, Tatiana me hablaba mucho de un tal Jordi, pero nunca llegué a preguntarla quien era, sabía que conocía a este Jordi, pero jamás imaginé que sería él.
Esa misma noche Jordi, la invitó a cenar. En un par de minutos había conseguido que si la quedaba algo en la mente o en el corazón de Javi, se esfumase. Verle había hecho que recordase lo que algún día había sentido por él, fuese lo que fuese. Era feliz.

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