- ¿No vas a dejarnos en paz? -decía Adrián.
- ¿Tú que haces aquí?
- Creo que no es esa la pregunta. Déjanos en paz Daniel. Ólvidate que existo, que existe Ari. ¿Tan triste es tu vida que no puedes dejar de meterte en la nuestra?
- Admítelo ya, no la quieres. No la has querido nunca. -le decía Daniel a Adrian. Mientras yo estaba arriba en la habitación, intentando contener las lágrimas.
- La quiero como nunca he querido a nadie.
- Sabes que no Adrián. Te sigues acordando de Nuria.
- Ella ha conseguido que la olvide.
- No te creo. Nadie te cree.
- Yo le creo -decia mientras bajaba, no aguantaba mas dentro de la habitación.
- No deberías.
- ¿Por qué no debo creer a una persona que me demuestra cada día que siempre que le necesito está ahí, que cuando estoy mal siempre sabe sacarme una sonrisa y que no deja de preocuparse por mi? Creo que cada día me demuestra que me quiere y a pesar de las adversidades que hemos pasado sigue estando ahí. Mira Daniel, no sé que problema tienes con que tu hermano y yo estemos juntos, de verdad que no lo logro entender, pero trata de alejarte de nosotros, búscate otro entretenimiento. -y justo en ese momento Adrián explotó.
- Lo único que te pasa es que eres un jodido envidioso. Llevas toda la vida tratando de quedar siempre por encima mio en todo y hasta el momento no lo has conseguido en nada. No soportas verme feliz con una persona que consigue sacar de mi siempre lo mejor y no eres capaz de dejar de pensar en ti y solamente en ti y alegrarte por una vez en la vida de que al fin haya conseguido asentar la cabeza. Si no te gusta que esté con ella y que ella sea la persona mas importante de mi vida, lo siento, pero es lo que hay. Si no quieres verlo, no sé que narices haces aquí y si intentas que acabemos con lo que tenemos Ari y yo, solo te digo que todas tus tonterías hacen que discutamos sí, pero ¿sabes qué pasa? Que cuando lo arreglamos estamos aún mas unidos que antes, así que nene, vuélvete a Asturias y trata de hacer tu vida y deja de meterte en la de los demás. Ahora si me disculpas, te vas de mi casa, porque no quiero volver a verte. -y sin mas dilación le abrió la puerta de casa y le echó. Jamás había visto así a Adrián. Le había visto enfadado, pero de esta manera nunca. En algún momento he de reconocer que sentí miedo, pero por otra parte me sentí aliviada al escuchar cada una de sus palabras y saber que defendería lo nuestro por enciama de cualquier cosa.
Daniel se fue y a pesar de que volvimos a Asturias un par de veces no volvimos a saber demasiado de él. Al fin, después de todo aquello Adrián y yo conseguimos centrarnos el uno en el otro y probablemente podíamos decir que ya estábamos bien. Además el embarazo seguía viento en popa y que mejor día para saber el sexo de los niños que el día de nuestro aniversario. Mi tripita cada día iba siendo mas grande, aunque para llevar dos, no lo era demasiado. Después de ir al médico a la ecografía, Adrián me tenía algo preparado y ya me tenía muy nerviosa.
- ¿Tenéis preferencias en los sexos? -nos decía el médico mientras miraba aquella pantalla en la que yo no era capaz de ver nada.
- No. Aunque a ella le encantaria que fueran niño y niña. -dijo Adri mirándome y acariciándome la mejilla.
- Ariadna, ¿sabes qué lo que querías se va a cumplir?
- ¿Son niño y niña? -dije sonriendo como probablemente nunca lo había hecho.
- Si.
No podía estar mas feliz y sabía que Adrián también. Hugo y Alma. No habían nacido, aún les quedaban unos cuantos meses para poder llegar, pero ya tenían nombre. Solo de pensarlo se me ponían los pelos de punta de la emoción. Sentí como Adri se emocionaba, pues le miré y tenía los ojos llenos de lágrimas. Verle así hacía que me emocionase yo.
Después de salir del médico volvimos a casa antes de celebrar nada, pero allí ya empezaba todo. Mientras Adri y yo estábamos fuera, Jordi y Tatiana habían estado en casa preparando todo lo que Adrián les había dicho. Estaba toda la casa llena de posits. Él desapareció y me dejó sola recogiendo los papelitos. En cada rincón de la casa había uno y en cada uno de ellos me daba las gracias por algo. "Gracias por aparecer aquel 19", "Gracias por regalarme sonrisas cada día", "Gracias por saber siempre sacar lo mejor de mi", "Gracias por entenderme", "Gracias por saber perdonarme", "Gracias por no dejar que nunca caiga". Y así mil mas por toda la casa. Cuando acabé estaba en la terraza, de espaldas a mi, observando cada rincón de la ciudad ahora iluminada por los millones de focos que lo alumbraban. Me acerqué le abracé por la espalda y le di un beso en el cuello. No sabía muy bien que decirle, me había dejado sin palabras, simplemente nos quedamos mirándonos fijamente a los ojos, apoyando su frente en la mia y nos abrazamos. Aquel momento fue uno de los mas especiales sin lugar a duda.
Y de celebración, fiesta en casa de Jordi con Tatiana, Sonia, Mario, Juanfran y la famosa Iria. No fue una celebración íntima, pero ese día mas que nuestro aniversario celebrábamos que los pequeños tenían nombre.
Todos supieron sorprenderme con ropita muy, muy pequeña para los bebés. Se me saltaban las lágrimas al verlo, fue un momento muy emocionante.
- Yo también tengo una cosa para ti. -me decía Adrián.
- ¿Más?
- Si, toma. -y me acercaba un sobre. -Ábrelo.
- Dos billetes de avión, ¿sin destino? -dije extrañada.
- El destino está, pero es sorpresa. -decía con una sonrisa malvada. -La semana que viene sabrás dónde iremos, cuando estemos allí.
Me tuvo toda la semana con la duda de saber donde íbamos. Y cuando llegó el día, para mi sorpresa, me llevó al aeropuerto con los ojos vendados y no me dejó quitarme el pañuela hasta que no llegamos allí. Lo peor de todo fue que me tuve que poner los cascos con la música para no escuchar al piloto decir el destino. No podía con mis nervios. Cuando llegamos allí, aún tuve que estar un rato con los ojos vendados, pero derepente se paró en secó, me destapó los ojos y me quedé embobada mirando a mi alrededor. No me podía creer que me hubiese traído hasta aquí.
Estaba delante del Empire State Building.
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