sábado, 9 de marzo de 2013

Capítulo 41.

Las cosas parecían seguir por su cauce, no se si por el bueno o por el malo, pero seguían. Todo, según iban pasando los dias se iba calmando y volvían poco a poco a ser lo que había sido desde el principio, pero había una persona que no dejaba de estar presente en todo momento y ese no era otro que Álvaro. Últimamente, desde que lo había arreglado con Adri, estaba muy alejado de mi, lo cual no me gustaba, pues era una persona a la que me gustaba tener cerca siempre.

- Nena, tengo que decirte una cosa, pero no sé si yo soy la indicada para contártelo -me decía Tatiana.
- Empieza.
- Álvaro ahora esta muy alejado de ti, ¿verdad?
- Muchísimo.
- ¿Y sabes a que se debe?
- No, si lo supiera ya lo hubiera arreglado.
- Ha sido Adrián.
- ¡¿Qué?!
- Me lo contó Jordi ayer. Adri le ha ido diciendo que como se siga acercando a ti que va a tener mas de un problema, que probablemente por su culpa te entrase toda aquella paranoia de la dedicatoria del gol. En definitiva, que según tu novio, Álvaro tenía la culpa de que tu el otro día te quisieras ir de casa.

No entendía nada. Pensaba que todo estaba arreglado, que todo volvía a ser lo de siempre y que Adri, volvía a ser el Adri del que me había enamorado, pero no sé en que momento me lo cambiaron, y no hay forma que vuelva a ser él. Cuando volvió del entrenamiento, como ya parecia ser una costumbre, volvimos a discutir.

- ¿Quién te crees que eres para irle diciendo a nadie que no se acerque a mi? -le dije enfadada.
- ¿De qué me estás hablando?
- Sabes perfectamente de que te hablo, Adrián, deja de acerte el tonto.
- No sé de que me hablas.
- Álvaro.
- Ya tardabas en salir por esas ramas..
- ¿Y te parece normal lo que has hecho?
- Lo que no me parece normal es que te coma la cabeza, ¿sabes?
- Mira escuchame bien, Álvaro en ningún momento me ha comido la cabeza, todo lo contrario, siempre ha estado apoyándome cuando tú no has estado ahí. Y no, él no fue quien me dijo que tú no me habías dedicado el gol, por la sencilla razón de que él estaba en su casa y yo aquí con Tatiana. Te conozco demasiado bien como para saber cuando me dedicas un gol y cuando no, no necesito que nadie me coma la cabeza -dije. Él no pronunciaba palabra, solo callaba dándose cuenta de que la acababa de cagar a lo grande. -Adrián si quieres que todo esto siga adelante, o empiezas a cambiar y a volver a ser el que eras al principio, porque no sé en que momento te han cambiado, o todo se irá a la mierda.
- No quiero que todo esto que tenemos se vaya a la mierda.
- Pues nene, quien lo diría de verdad. Parece que no sabes de que manera dejarme y por eso armas todo esto.
- Ari, sabes que no es así.
- ¿Entonces qué es? ¿Qué te pasa Adri? Por muchas vueltas que le doy, no soy capaz de comprender que te ocurre.
- No lo sé. Siento que por momentos te pierdo y tengo miedo. Sé que si te pierdo es por mi culpa y por lo que la estoy cagando pero hay veces que no sé hacerlo de otra manera.
- Dime una cosa. ¿En algún momento te he dado motivos para que tengas ese miedo?
- No.
- Joder Adri, ¿entonces? Hay veces que pienso que todo esto viene porque tu familia es la que te come la cabeza.
- De verdad que no.
- Pues entonces entiende ya de una vez que quiero estar contigo, que te quiero joder. Que cada día me acuerdo de que el 19 de Noviembre tenemos algo pendiente. -me abrazó, me susurró un lo siento al oído y aquella reconciliación acabó en cama.

Después de todo aquello, parecía que el Adrián con miedos habia desaparecido y volvía a ser el mismo que yo había conocido, tanto es así que estuvo hablando con Álvaro, pidiéndole perdón y de ahí empezó a salir una gran amistad.

Por otra parte Sonia estaba embarazadísima ya, no podía con su vida la pobre, pero aún la quedaba un mes para salir de cuentas. Estando un día en casa tranquilamente, la entraron dolores muy fuertes, contracciones. Mario estaba entrenando, asíque la llevé yo al hospital. No me dejaron entrar con ella y mientras esperaba a que alguien me dijera algo escribí a Adrián para que en cuanto saliesen viniesen hacia aquí. Adrián y su manía de atacar a las personas. Cuando llegaron a Mario se le iba a salir el corazón por la boca.

- ¿Donde está Sonia? -decía acelerado.
- Relájate Mario. Está bien, sólo ha tenido contracciones. Puedes estar tranquilo que si fuese a dar a luz, hubieran salido a buscar a alguien.

En ese momento salió el médico y una de dos, o se había levantado con la cara torcida, o no venía con buenas noticias.

- ¿Familiares de Sonia? -dijo mirándonos.

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