jueves, 7 de febrero de 2013

Capítulo 12.

- ¿Qué haces tu aquí? -le dije sorprendida.
- Tú querías verme, yo quería verte y aquí estoy.

Antes de llevarme a casa, me llevó a comer, a su casa, los dos solos. Me sentía incómoda, no podía dejar de pensar en Ilie, y a la vez relajada, pues sí, hace dos días era mi ídolo y hoy estaba comiendo con él en su casa como dos amigos. Era una situación de lo mas extraña.
He de confesar que me hizo pasar una tarde genial, me hizo reir como hacía mucho nadie me hacía reir y me hizo sentir especial, demasiado quizá, pero era capaz de lo mejor y de lo peor y al besarme, me hizo sentir mas incómoda que nunca.

- Lo siento, tengo que irme -me levanté del sillón apartándole.
- Espera Ari, por favor, lo siento si he ido demasiado rápido -decía viniéndo detrás mia. -Te llevo a casa.
- No tranquilo, vuelvo yo sola, necesito pensar.

Me fui de su casa, sin rumbo aparente. Sinceramente no sabía muy bien donde estaba, ni sabía llegar a mi casa desde allí, pero lo único que necesitaba era respirar aire y llamar a Tatiana para contarle todo lo que había sucedido. Ella no dejaba de preguntarme que sentía, que iba a hacer, que pasaría con Ilie.

- Creeme que no se lo que siento, ni que voy a hacer.
- Ariadna por dios, ¿como no vas a saber que sientes? ¿Te ha gustado?
- Claro que me ha gustado Tati. He sentido algo que por Ilie no había sentido jamás, pero no quiero precipitarme, puede que todo sea cosa del momento, puede que esto mañana ya no esté y no quiera saber nada mas de él.

Estaba confundida no, lo siguiente. No me lo esperaba, pero sentía que era lo que deseaba. Llevábamos algo mas de un mes hablando, nunca habíamos llegado a este tipo de temas, pero me gustaba hablar con él, tanto que si un día por alguna cuestión u otra no hablábamos sentía que me faltaba algo, pero siempre estaba ahí, aunque fuese para darme las buenas noches. Mi corazón me decía que volviese a su casa y seguir adelante con lo que fuese, pero mi cabeza me decía que me olvidase, que esto solo me llevaría al eterno sufrimiento.
Aquella noche no podía dormir nada y parecía que él tampoco, pues a las tres de la madrugada me llamó.

- ¿No puedes dormir tu tampoco? -me decía.
- No, llevo horas dando vueltas y no soy capaz de pegar ojo.
- Oye Ari, lo siento por lo de antes, fue un impulso, lo que sentía en ese momento....
- ¿Lo que sentías? -le dije sorprendida.
- Sí, lo que sentía -y se hizo un incómodo silencio después de aquellas palabras. Yo no sabía que decirle y él supongo que estaría esperando a que dijese algo. -¿Sigues ahí o te aburro tanto que te has dormido? -decia con esa voz tan especial que me hacía sonreir como una estúpida.
- Mira que eres bobo...
- ¿Ves? Soy bobo y te aburro -y no paraba de hacerme reir. Era algo que me encantaba de él. -Tengo ganas de verte....
- Aunque no lo creas, yo también.

Al día siguiente, me llevaría a cenar a su restaurante favorito, un asturiano en pleno centro de Madrid. Después, acabaríamos en el mismo lugar que el día anterior, en su casa, pero esta vez sin complejos, sin miedos y sin nada. Sabía que no estaba haciendo lo correcto, pero Adrián me hacía sentir diferente en todo momento, me hacía olvidar todo lo que tenía a mi alrededor.  Aquello acabó donde mi cabeza no quería, pero sí mi corazón. Su casa. Su cama. Sin ropa.

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