lunes, 18 de febrero de 2013

Capítulo 23.

Creo que aquella noche no fue capaz de dormir absolutamente nada pensando en si aquellas flores eran o no de Mario. Mi intuición y la de Adrián nos decía que sí, que eran suyas, pero no podíamos asegurar nada, pues Adri al día siguiente le había visto y estaba igual que estos últimos días, como en otro mundo, apartado de todo lo que tenía que ver el fútbol... Su forma de actuar no nos acaba de convencer a la hora de pensar si era él o no.

Estábamos las dos, tranquilas en la habitación del hospital hablando de nuestras cosas, contándola como fue la celebración de los seis meses, que tal nos iban las cosas. A pesar de que la encantaba que la contase todas estas cosas, yo sabía que no podía dejar de pensar ni en las flores ni en la nota, es mas, una enfermera le acababa de traer una margarita, la flor favorita de Sonia con otra nota; "Espero que algún día sepas perdonarme". Quería pensar que era Mario, lo quería pensar porque deseaba a cada instante que apareciese, pero aún así, tenía la duda que fuese él porque antes había estado con un chico, al cual dejó porque le había sido infiel con una amiga, quien sabe si no era él el que trataba de recuperarla.  Derepente, entre tanta cabilación de si era uno u otro apareció Adrián.

- ¿Se puede? -decía asomando la cabeza. -Traigo una sorpresa para la enfermita, pero tiene que estar sola, así que tu señorita, te vienes conmigo -me decía.
- Hola... -susurraba tímidamente Mario.
- ¿Y esto? -dije sorprendida.
- ¡Sorpresa!

Sabía que esto le haría muy bien a Sonia, y me alegraba que él hubiese recapacitado y volviese a intentar arreglar las cosas. Digo intentar, pero sabía perfectamente que no tendría mas que entrar por la puerta de aquella habitación para que estuviese perdonado de todo pecado.

- ¿Puedo pasar? -decía con miedo.
- ¿Mario?
- Si.., ¿puedo?
- Claro pasa. -conseguía decir Sonia, estaba demasiado nerviosa ya.

Estuvieron un rato, mirándose, acariciándose la mano, parecían niños pequeños. Ninguno de los dos ni quería, ni sabía de que manera romper el hielo. Mario consiguió encontrar las palabras adecuadas para tratar de empezar una pequeña conversación.

- Lo siento. -decía cabizbajo. -Siento todo esto. Me siento muy culpable de todo lo que estás pasando, sé que en gran parte todo es mi culpa. No tendría que  haber salido corriendo, pero fue lo que me salió hacer en ese momento, no hubiera sabido reaccionar de otra menera.
- No te preocupes, está todo olvidado. -decía ella para tranquilizarle.
- No, de verdad, lo siento. ¿Tú quieres tener el bebé?
- Mario, yo quiero tenerlo, pero contigo.
- ¿Y aún estoy a tiempo?
- A tiempo, ¿de qué?
- De ser padre.
- Pero... ¿Quieres serlo?
- Si es contigo si. Sonia, estos días me he dado cuenta y Adrián y Ariadna me han hecho ver que te quiero mas de lo que pensaba y que me importas aún mas. Si para estar contigo tengo que prepararme para ser padre, lo haré y seré el mejor.

Ella no pudo decir una sola palabra, solo trataba de contener las lágrimas pero ni de eso fue capaz, pues acabó llorando de alegría. Era la mejor noticia que le podían dar. Al fin habíamos conseguido que Mario abriese los ojos y viese que eso era lo mejor que podía hacer si de verdad era lo que sentía como él mismo decía. En aquel momento de felicidad absoluta lo único que consiguió hacer fue besarle, nada mas. Aquello parecía el principio de algo muy bonito.

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