domingo, 10 de febrero de 2013

Capítulo 15.

Hay miradas que dicen mas que mil palabras y recuerdo que aquella mirada, en la estación dijo mas que todo lo que en mucho tiempo nada ni nadie se hubiesen dicho. Traté de evitarle la mirada, de salir rápido de allí, incluso de hacer como que no le había visto, pero las cosas no son tan fáciles como uno piensa.
En el tren de vuelta, cogí mis cascos, puse música, me tumbé abrazada a Adrián e intenté olvidarme de cualquier cosa. Él entrelazó sus dedos con los míos y hasta Madrid no nos separamos.

- ¿Sabes? Antes sentí que te perdía -me decía, sentado en la cama cabizbajo.
- ¿Qué que? -dije sorprendida.
- Sí, antes, en la estación. Ví vuestras miradas y sentí mucha complicidad. Pensé que soltarías mi mano y te irías a sus brazos.
- ¿Por qué pensaste eso? -le decía mientras me ponía en cuclillas haciendo que me mirase a los ojos. -¿Crees que si quisiera estar con él, estaría aquí contigo? Adri por favor, te quiero a ti, creemé.
- Ari, no quiero, no puedo perderte.

Quería demostrarle a Adrián que estaba con él porque realmente me había enamorado de él el primer día que le vi, que sí había dejado a Ilie era porque él conseguia hacerme sentir cosas que en la vida había sentido. Necesitaba hacerle saber que él era mi otra mitad, él y no otro.

Esa mañana sería el día de las pequeñas sorpresas. La primera; me iba a levantar temprano para poder prepararle el desayuno antes de que se fuese al entreno. Le llevé algo de comer a la cama. Me encantaba verle con esa cara de recién despierto la pequeña sonrisa de medio que ponía al verme a su lado. La segunda; iría a buscarle al entrenamiento. Le esperé detrás de la valla como una fan más.

- Perdona Adri, ¿te puedes hacer una foto? -le decía cuando vi que se acercaba. Como vivía en su mundo no se dio cuenta hasta pasados unos segudos.
- Si, clar... Pero bueno, ¿tú que haces aquí? -decía sorprendido, riéndose dándome un beso.
- Hoy es el día de las pequeñas sorpresas, está es una de ellas.

La tercera; le llevaría a comer a su restaurante favorito, aquel asturiano al cual me llevó la primera vez que estuve con él en Madrid. Siempre que podía le gustaba ir, le recordaba mucho a su tierra. La cuarta; adoraba pasarse las horas muertas tirado en el sillón viendo cualquier tipo de película y yo adoraba hacerlo con él. Y la quinta; cena romántica. Mientras se daba un baño relajante, prepararía la cena y pondría la casa bonita para cuando saliese. Tendría en la habitación el traje y la corbata, perfectos para la ocasión. Cuando salió de la ducha no podía creerse lo que estaba viendo. Yo tampoco, estaba guapísimo con aquel traje.

- ¿Y todo esto? -decía asombrado.
- Para ti. -le susurraba mientras le daba un beso.
- ¿Para mi? ¿Pero a que vienen tantas sorpresas?
- Todo esto viene, porque te lo mereces. Porque desde que volví de Barcelona, realmente desde que te conocí no has dejado de preocuparte por mi, de hacer mil cosas por mi, de tratarme siempre como una princesita. Me apetecía demostrarte que estoy contigo porque te quiero y porque contigo soy mejor no porque seas Adrián López el jugador de fútbol.
- A mi no me tienes que demostrar nada, lo sé perfectamente. Me demuestras cada día lo que eres y porque me enamoré de ti y con eso me sirve. -y me besaba -Por cierto, estás preciosa.

Aquella noche fue inolvidable para los dos, la mejor de nuestras vidas. Todo fue mejor de lo esperado.

A la mañana siguiente cuando me desperté ya no estaba, pero aún seguía nuestra ropa tirada por el suelo, por el desenfreno de la noche anterior. Como cada mañana, mientras me hacía el desayuno ponía Supersubmarina a todo volumen y me sentaba en el sillón con las piernas cruzadas y su camiseta mas grande, pero esa mañana no fue como todas, pues sonó el teléfono y aquella conversación hizo que mi corazón se parase.

- Es usted Ariadna. -me decía una señora.
- Si, soy yo.
- Le llamo del hospital Gregorio Marañón. ¿Su pareja se llama Adrián López?
- Si, ¿qué le ha pasado? -decía con la voz temblorosa.
- Ha tenido un accidente con el coche. Otro vehículo se le cruzó por el camino y se le llevó por delante.
- ¿Qué? -sollozaba, - ¿Está bien?

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