lunes, 11 de febrero de 2013

Capítulo 16.

Llegué al hospital lo mas rápido que pude, sin parar de llorar. No sabía que le había pasado, si estaba bien o no.

- Disculpe, soy la novia de Adrián López. Le han ingresado por un accidente de tráfico -decía como podía.
- Tranquilicese. En seguida viene el médico a contarle. Espere ahí -señalando la sala de espera.

Estuve al menos una hora esperando noticias de él. Nadie me decía nada. No tenía nada mas que el teléfono de Juanfran, así que fue a la primera persona que llamé para contarle lo poco que me habían contado. En cuanto pudo estaba haciéndome compañía y tratando de que me calmase.

- ¿Familiares de Adrián López? - nos decía un señor con pinta de médico. -Adrián está bien dentro de la gravedad. Fisicamente no tiene nada, simplemente le tuvimos que operar el brazo izquiero, tenía el cúbito y el radio rotos y un par de rasguños en la cara, pero....
- ¿Pero? -decía impaciente.
- Está en coma. Llegó inconsciente al hospital y no ha despertado.
- ¿Qué? ¿En coma?

No me podía creer nada de lo que estaba pasando. Juanfran ya no sabía como tranquilizarme, estaba a punto del ataque de ansiedad.
Nos dejaron entrar a verle, y se me cayó el mundo a los pies cuando le vi, "dormido", sin decir nada. Se me pasaron en una milésima de segundo cada uno de los momentos que había vivido con él y no pude contener las lágrimas.

- Ari, prométeme que te vas a relajar un poco. Me tengo que ir a entrenar, pero cuando acabe vuelvo de verdad. -me decía Juanfran abrazándome. -¿De verdad vas a estar bien sola?
- Sí, vete tranquilo, en serio.

Juanfran se fue, y al cerrar la puerta volví a derrumbarme. No podía dejar de pensar en la idea de que quizá no despertase nunca y que no pudise volver a estar con él. Esa idea me retumbaba en la cabeza y me mataba por dentro. Tenía que pensar en positivo, pues los médicos así lo hacían. Tenía que pensar que en uno rato se iba a despertar y todo iba a volver a ser lo mismo.
Sus padres hasta el día siguiente no podrían venir y Juanfran no me iba a dejar quedarme en el hospital toda la noche, pero tampoco podría volver a casa.
A la tarde, llegaron Juanfran y Mario para ver como iba evolucionando Adri y para hacerme compañía, lo que les agradecí eternamente, pues se me hacía cuesta arriba el día.

- Nena, ¿cuanto tiempo llevas llorando? Tienes los ojos hinchadísimos... -me decía Mario dándome un abrazo.
- No lo sé.. Creo que cada vez que le miro lloro... Por cierto, he conseguido hablar con sus padres, pero hasta mañana no podrían venir. Me dijeron que por la mañana temprano estarían aquí.
- Perfecto, pues te vas a casa ahora un rato y vuelves mañana, necesitas descansar -me decía Juanfran.
- ¿Crees que en casa voy a descansar? Déjame quedarme aquí por favor... No puedo irme a casa, necesito estar aquí con él. Sonia, una amiga se acercará para estar conmigo y que no esté sola tanto rato.
- Yo me puedo quedar con ella también por la noche -dijo Mario.

Tanto Mario como Sonia, que llegó un ratito después, estuvieron conmigo, pero terminaron yéndose, pues al día siguiente él tenía entrenamiento y ella clases. La noche fue una de las peores que había pasado en mucho tiempo, se me hizo eterna. Le miraba y veía que no se movía y lloraba. Los ojos me iban a reventar de lo hinchados que los tenía. Al final, después de muchas horas, me quedé dormida con la cabeza apoyada en su cama y agarrándole la mano.

- Vente a vivir conmigo. 
- ¿Qué?
- Sí, que te vengas a vivir conmigo. No quiero perder ni un segundo en estar contigo.

Acepté sin pensármelo dos veces. 
No sabíamos si todo esto iba a salir bien o mal, pero si no nos arriesgábamos no sabríamos si estabamos hechos el uno para el otro como los dos creíamos. 
La primera noche no dejó de sorprenderme. Yo iba a pasar el día con mis padres mientras él, sin yo saber nada estaría en casa preparando una cena, una de esas románticas que salen en las películas y crees que no existen, pero sí, existen y él la hizo realidad. No solo decoró la mesa, sino que desde la puerta hasta el salón donde se encontraba la mesa, estaba rodeado de pequeñas velas encendidas que hacían que la estancia tuviese una luz de lo mas íntima. Recuerdo aquella cena como si fuese hoy mismo. Él estaba guapísimo con el aquel traje y la corbata. A mi me había comprado un vestido negro, palabra de honor, realmente precioso. Después de la cena quedaban mas sorpresas. La primera era la llave. La llave de su casa. Aunque me hubiera pedido que me fuese a vivir con él no pensé que quisiera que fuese ya, ahora mismo, pero aquella llave me dio la respuesta. Quería que vivíesemos juntos desde el primer día. La segunda estaba en su cuarto. Había velas que daban ambiente a la habitación y encima de la cama había pétalos de rosa con forma de corazón. Los dos sabíamos lo que queríamos y no lo escondimos en ningún momento. Aquellos besos decían mas que todas las palabras del mundo, pero antes de que la ropa dejase de molestar...

- Te quiero -me decía con la mirada fija en mis ojos. - Te quiero desde el primer día que te vi, cuando te pusiste a llorar. Ahí me hiciste sentir una sensación extraña que no logré olvidar hasta que te volví a ver. Después cuando supe que tenías novio fue cuando realmente me di cuenta de que eras mucho mas importante de lo que había imaginado. Ahora sé que te quiero como quizá, nunca he querido a nadie.

Me desperté con mil lágrimas recorriendo mi cara y pude ver como Adrián abría los ojos. No sabía si era una visión mia o qué, pero fui rápidamente a llamar al médico. Al momento llegó el médico y no era una visión Adrían se estaba despertando. El médico empezó a moverle tanto las piernas como los brazos para ver si reaccionaba bien. Lo hacía. Le hablaba y él contestaba. Hasta que me vio. Cuando me vio puso cara extraña y miró al médico.

- ¿Quién es? -le decía extrañado.

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